Germán Vargas Farías

Hace un año exactamente, en esta misma página escribí un artículo que releo hoy y que podría reescribir, con apenas algunos ajustes.

Lo titulé “Veremos” refiriéndome a una expresión que utilizó José Chlimper, a quien presenté como “regidor fujimorista, luego ministro fujimorista, después candidato fujimorista a la primera vicepresidencia de la República, y actualmente  miembro fujimorista del directorio del Banco Central de Reserva, es decir, fujimorista por donde se le mire”, para responder al presidente Pedro Pablo Kuczynski, después de que este dijera que   ‘no se dejarán pisar por una mayoría en el Congreso de la República’ aludiendo, obviamente, a la bancada fujimorista.

Puede usted notar que hace más de un año, y prácticamente desde que inició su gobierno, PPK advertía que lo querían –literalmente- pisar. Y ya desde entonces había momentos en los que reivindicaba su soberanía, para poco tiempo después sorprendernos haciendo o diciendo alguna soberana tontería.

Estaba claro también que cuando Chlimper, el mismo que presentó audios adulterados intentando desvirtuar una investigación de la DEA sobre Joaquín Ramírez, por presunto lavado de dinero, le dijo ‘veremos’ no estaba hablando solo por él, ni exteriorizando confusión o duda alguna, si no “la arrogancia y prepotencia de quienes, teniendo poder, no aprendieron a ejercer decentemente su dominio”.

Un año después la situación es la misma, y puede ser peor. El escenario, los personajes, el guión, todo asoma truculento. En una realidad como esta, pareciera haber poco espacio para la ficción.

No ha habido cambios en lo que interpreté como “un Congreso capturado por un grupo de descarriados y un poder ejecutivo con discapacidad política”; y el pronóstico del horóscopo chino que cité: “Pudiera tornarse en un año muy, pero muy complicado de resolver. Durante el 2017 todo se mantendrá en equilibrio inestable, ya que todo apunta a grandes discusiones y mezquindades, a fenómenos autoritarios y dominantes y a una paz tensa”, podría ser reiterado para este año, y repetido por cualquier analista político o por alguno de esos polemistas que con rasgos de predicadores participan en los ardorosos debates de la plaza San Martín.

Escribí que el escándalo Odebrecht “nos ofrece la oportunidad de un próximo y extraordinario tours por las cárceles de Lima donde es posible que todos los ex presidentes de la República pasen una larga temporada”, y que aún con integristas religiosos exacerbando y diseminando sus prejuicios, y con instituciones –otrora prestigiosas- asaltadas por ineptos y bribones, “podemos tener esperanza”.

Estaba muy presente en mi artículo el riesgo que representa para la democracia y los derechos humanos el fundamentalismo religioso, al cual seguí aludiendo en la reflexión final.  “Basta revisar nuestra historia pasada o reciente para reconocer que hemos superado peores situaciones. Pero hace falta decisión, y eso implica adquirir o afirmar nuevos hábitos y compromisos. Decisión para denunciar a esos que hacen de la fe un negocio, y que además recurren a la trampa”.

Y terminé diciendo cuánta falta hace que en las iglesias, en los partidos políticos, en las empresas, y en todas las entidades sean públicas o privadas, hombres dignos y mujeres dignas enfrenten a esos mercaderes de todo tipo que han convertido sus instituciones en “guaridas de ladrones”.

En un año, qué ha cambiado en el país?, los retos y peligros son los mismos, y ahora parecen  mayores. PPK decidió dejarse pisar y repuso a un protagonista indigno y criminal. Se entregó él y nos comprometió a todos. Creen que se saldrán con la suya, pero muchos en el Perú no diremos ‘veremos’. Nosotros estamos seguros: la vileza y la traición no pasarán.

“PPK decidió dejarse pisar y repuso a un protagonista indigno y criminal”.