Josué Canchari de la Cruz
La violencia interna comenzaba cobrar vidas inocentes, el Sendero Luminoso empezaba encender la luz de la muerte. Las primeras incursiones terroristas fueron subestimadas por el gobierno de ese entonces. El descontento social se hacía cada vez mayor, los más golpeados fueron los pobladores de las comunidades rurales que carecían de servicios básicos y accesos a educación, salud, comunicación vial, etc.

Las comunidades vivían “entre la espada y la pared”, a raíz del terrorismo. Los militares visitaban y organizaban a la población, esta actitud provocaba una reacción de los terroristas, quienes cobraban la vida de las autoridades que recibían a los militares; lo mismo hacían los militares. En esta encrucijada de militares y senderistas, los pobladores de las comunidades se sentían desprotegidos y frente a ello algunas comunidades optaron por enviar a los jóvenes a la ciudad de Lima y en otros casos formaron el comité de defensa fortalecida por los militares que contrarrestaría a los senderistas.

LA COMUNIDAD DE UCHURACCAY    

Pareciera que la historia estaba marca desde mucho antes. Empezamos del nombre de Ayacucho, que significa: “Aya” = alma, “Cucho” = morada, que significa “Morada del Alma”, nombre que recibe por los restos humanos que se encontraron por las innumerables batallas de los primeros pobladores. Por otro lado una coincidencia, en lengua quechua no existe las vocales e, o; es por ello el número ocho se pronuncia “uchu” que también se asocia a ají y “raccay” pared o casa semidestruida.

En Uchuraccay, una comunidad de la provincia de Huanta, departamento de Ayacucho, a mediados de 1981, un grupo de forasteros llegan para hacer intercambio de sus productos y a poco tiempo entablan amistad con algunos comuneros y ahí dan a conocer sobre el comunismo y la necesidad de alzar armas contra el Estado convenciendo a la comunidad a unirse a la “guerra popular”, pero no todos se dejaron llevar. La primera muerte fue del presidente de la Comunidad de Uchuraccay de manera pública en la plaza de la comunidad por los senderistas, amenazando a los que oponían que igual serían matados.

Los comuneros se organizaron de manera secreta, es ahí que logran asesinar a cinco terroristas. Ante este acontecimiento, el gobierno envía en helicóptero a los policías denominados “Sinchis” para que adiestren a los comuneros y una de las indicaciones que detonaría más tarde fue que mataran a todo extraño que llegue a pie a la comunidad.

MASACRE DE LOS 8 PERIODISTAS

La mayor tragedia del periodismo peruano se da en la comunidad de Uchuraccay, cuando un grupo de ocho periodistas de Lima y Ayacucho, se dirigían a buscar información de los enfrentamientos contra Sendero Luminoso que habían generado varios muertos en la comunidad. Estos valerosos periodistas fueron Eduardo de la Piniella, Jorge Sedano, Amador García, Luis Mendívil, Félix Gavilano, Pedro Sánchez, Octavio Infante y Willy Retto, quien fotografió el momento de su captura, fotos que después servirían para las investigaciones.

Los ocho periodistas no se imaginaron que el camino les conducía a una muerte horrible, que el 26 de enero de 1983 sería el último día de sus vidas. La comunidad alertada por la presencia de los extraños los acorralaron, interrogaron, pero de nada lo que decían los periodistas convencieron a los comuneros. La horrible matanza comenzó con palos, machetes, piedras, puntapiés que en media hora acabaron con la vida de los periodistas.

En los meses siguientes, Sendero Luminoso hizo varias incursiones armadas, matando a muchos comuneros. En 1984 los pocos pobladores, ante la crítica situación en que vivían, decidieron abandonar para siempre su comunidad, quedando de esta manera una comunidad fantasma y gracias al Programa de Repoblamiento, algunos pobladores retornaron a la comunidad que en una oportunidad creó miedo y terror.

El asesinato de los ocho periodistas dio la vuelta al mundo, el periodismo estuvo de luto por perder a sus miembros. El homenaje nace en Ayacucho con canciones que rinden tributo a los mártires de Uchuraccay, que sacrificaron su vida sólo por buscar la información.

«En el transcurso de los años 1983 y 1984 murieron 135 comuneros de Uchuraccay»