Pier Paolo Marzo Rodríguez
Octubre fue de terror para la niñez en Huánuco: ¡Un niño de 1 año y 8 meses quemado y asesinado a golpes en Pampas del Carmen, en Llata! Tras meses de golpes a él y a su madre. ¡Y una niña de 5 años asesinada en Marambuco, Santa María del Valle!

Además, una denuncia de violación a una niña de 11 años y a otra de 2.

Lamentablemente, no son casos aislados. Según el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, de enero a agosto de este año, se han reportado 335 casos de violencia sexual, 327 de violencia  psicológica, 252 de violencia  física y 4 de violencia  económica contra niños, niñas  y adolescentes, 918 en total. La mayoría de los agresores, son personas cercanas al entorno familiar o vecinal: el asesino de Llata habría sido padrastro del niño, por ejemplo.

Sin llegar a esos horrendos extremos, el 71% de los niños y niñas en Perú es víctima de castigos físicos o sicológicos por parte de los adultos con los que viven, según un estudio sobre los determinantes de la violencia del MIMP. Y 8 de cada 10 niños encuestados por un consorcio de organizaciones no gubernamentales – Paz y Esperanza, Acción por los Niños, Ágape, Iprodes y Save the Children- indicaron ser testigos de maltratos o castigos físicos y humillantes.

Entonces, es claro que las violaciones y asesinatos son la expresión más terrible de un problema general: no valoramos la integridad de nuestros niños y niñas.

Por ello, además de impartir el máximo castigo a los agresores, según la gravedad de sus acciones ¿qué podemos hacer para cortar con esa violencia contra los más pequeños?

En primer lugar, reconocer que necesitamos un nuevo pacto social, donde la violencia contra las personas quede desterrada como medio para conseguir cualquier fin. Comenzando con suprimir la violencia contra los niños, sea cuál sea la situación en que se encuentren. Un pacto social de este tipo no supone ninguna novedad. Basta con actualizar el quinto mandamiento, “No mataras”, extendiéndolo a “no lesionarás ni violarás”. Y recordar aquélla advertencia de Jesús de Nazaret de que “El que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar” (Marcos 9, 41-50).

Este nuevo pacto social ha de implicar mantener las penas existentes; reconociendo que son un fracaso total, pues no están previniendo nada. Y por ende, que urge poner muchísima más atención en medidas preventivas de la violencia de todo tipo contra nuestros niños y niñas. Cómo dice el 88% de quiénes respondieron la encuesta mencionada, ha de tomarse medidas similares a las correspondientes a un problema de salud pública.

¿Qué se hace para prevenir epidemias? Vacunación universal y tamizajes colectivos. ¿Cuáles serían los equivalentes respecto de la violencia ? Los mismos niños y niñas de la encuesta piden un programa de crianza para padres y madres como solución al uso del castigo físico y humillante, así como campañas a través de medios de comunicación o redes sociales. Programa y campañas que ayuden a padres, madres y otros familiares en cómo tratar a sus hijos, orientarlos frente a un problema y acompañarlos si necesitan ayuda.  Bajo la premisa de criar con cariño. Al mismo tiempo, ha de exigirse a los padres y madres que críen a sus hijos e hijas con cuidado y cariño

Para evitar los casos más graves, en cada institución educativa se ha de capacitar a los tutores – reforzando el área de tutoría – para detectar situaciones de riesgo mayores en la casa, en el barrio o en la misma institución. Igualmente en cada establecimiento de salud, los controles post natales deben incorporar el monitoreo de la salud mental de los pequeños. De manera que pueda contarse con sistemas locales de alerta temprana ante riesgos a su integridad. Asimismo, han de reforzarse, obligatoriamente, las DEMUNA en cada municipio. Esto requiere una modificación de la Ley Orgánica de Municipalidades y las normas de presupuesto – tarea de los congresistas que nosotros elijamos en enero-, de manera que se asegure la disponibilidad de los recursos suficientes en cada municipalidad y se sancione su no uso adecuado.

Las tareas de fortalecimiento de capacidades del personal de las municipalidades, instituciones educativas, personal de salud, personal de comisarías y de fiscalías, podrían encargarse a las unidades desconcentradas del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, en un sistema integral de prevención y protección ante la violencia.

Estas y otras medidas han de implementarse con la participación de los propios niños y niñas, vía la activación del Consejo Consultivo Regional de Niños, Niñas y Adolescentes de Huánuco, como lo ha recomendado la Defensoría del Pueblo en la región.

No esperemos enterarnos de otra violación o asesinato para hacer algo. Empecemos hoy mismo a proteger a nuestros niños y niñas.