Amelia M. Díaz Tarazona

Estudio   históricos señalan que el ají es oriundo de Ecuador. Fueron expedicionarios de Cristóbal Colon quienes la llevaron a Europa y luego a Asia. A pesar de que un sector grande de la población opina que es dañino por su sabor picante, el ají ha sido usado por diferentes culturas como medicina, inclusive en la Farmacología moderna se usa algunos principios activos del ají para fabricar analgésicos.

El componente que resalta en el ají es la capsaicina, es el encargado de darle el sabor picante a esta especie vegetal. Es una resina con poder neuropéptido- activo, que va a intervenir en la síntesis, el almacenamiento, transporte y liberación de la sustancia P. Esta sustancia P es el mediador químico de los impulsos de dolor del sistema nervioso central, previene la acumulación de estas sustancias P en las neuronas sensoriales periféricas, que son las que captan las sensaciones en el cuerpo; cuanto menos sustancia P exista en las terminaciones nerviosas, los impulsos de dolor no se trasmitirán al cerebro.

Mediante este proceso, el ají ayuda a reducir el dolor provocado por la artritis reumatoide y osteoartritis, y otros tipos de dolor como dolores crónicos de espalda y músculos, aliviar el dolor de dientes y encías, así como aliviar las molestias producidas por la soriasis como son el ardor, escozor y enrojecimiento de la piel.

Además de  bloquear el dolor, la capsaicina ejerce otros efectos en nuestro organismo como hacernos entrar en calor, por ende alivia los síntomas de los resfríos ya que nos hace sudar y botar las toxinas de nuestro organismo, actuando como expectorante y aliviando las constipaciones nasales. De la misma forma al calentar nuestro cuerpo aumenta la termogénesis ayudándonos a reducir grasa acumulada, además nos ayuda a combatir el sobrepeso aumentando la sensación de saciedad, reduciendo el consumo de calorías, y no menos importante —sobre todo para los varones—, estudios recientes  han demostrado que la capsaicina es capaz de impedir la formación de células cancerígenas en la próstata.

En menor cantidad los ajís contienen salicilato, otra sustancia usada con fines analgésicos que van a potenciar la acción de la capsaicina.

Los ajís también nos proporcionan vitaminas como la vitamina C la cual va a reforzar el sistema inmunológico y carotenos los cuales serán transformados en vitamina en nuestro organismo mejorando la salud de la piel y los epitelios.

Pero se debe tener en cuenta que algunos autores advierten que la capsaicina, la sustancia más benéfica del ají es capaz de llegar al bebe en formación mediante la placenta y predisponer a los recién nacidos a algún tipo de alergia, por ello no debe ser consumido por gestantes.