Ayer se celebró en nuestro país el Día del Campesino. Pasada la euforia de la fiesta es importante plantear algunas reflexiones para no retirar los ojos de los hombres del campo de la costa, sierra y selva del país.

A pesar de ser un país agrícola, este sector es uno de los más descuidados por las autoridades. La falta de inversión en infraestructura de riego y en carreteras han contribuido a la postergación de este sector económico.

Y por si no fuera poco, la falta de inversión del Estado en la zona rural para mejorar las condiciones de vida de los pobladores es un factor para la migración del hombre del campo a la ciudad, despoblando los campos de cultivo.

Al día siguiente de la celebración, después de la retórica lanzada al aire, es mejor pasar a la acción e implementar los proyectos que necesitan los campesinos, tanto para mejorar su producción como su calidad de vida.

Impulsar la producción agrícola no es solo un tema de economía, es también de seguridad alimentaria. Mantener a los hombres y mujeres en sus chacras produciendo y en sus casas con saneamiento básico, electricidad, telefonía, internet no solo es economía, es también seguridad alimentaria. Si no hay campesino, la tierra no produce; y si la tierra no produce, no hay alimentos. Así de sencillo, así de importante como para seguir ninguneando a los campesinos.