Mg. Lilian M. Mendoza Pozo

Cuando un niño empieza a asistir a la escuela existe una expectativa alta de parte de los padres, quienes esperan que su hijo lo primero que tiene que aprender es: leer y escribir, y cuando un niño pregunta ¿qué dice allí papi?, el papá suele responder ya irás a la escuela, allí vas aprender… de ésta manera se les señala que la escuela es el lugar donde aprenderá ya que nos hemos acostumbrado a pensar que la lectura y escritura son aprendizajes básicos y mecánicos, pero en realidad son aprendizajes fundamentales cuya transferencia cognitiva y afectiva va mucho más allá de lo que podríamos imaginar; por algo, a nivel universal, se consideran tres aprendizajes esenciales para la vida: la lectura, la escritura y el pensamiento lógico-matemático.

La lectura y la escritura constituyen prácticas sociales y procesos cognitivos sumamente complejos que requieren de tiempo y esfuerzo del niño y exigen de los profesores mediaciones diversas y focalizadas, considerando las diferencias individuales, ya que va haber niños que aprendan con suma facilidad y muy rápido, e inclusive antes de tiempo y habrá otros que se demoren tanto que se tomarán su tiempo para lograrlo e inclusive habrá aquellos que no lo logren, y al final diremos que ellos tienen problemas de aprendizaje (dificultades para leer y escribir).

Las habilidades para leer y escribir son herramientas básicas e importantes para desarrollar niveles cada vez más elaborados de pensamiento, comunicación e interacción positiva con los demás y con el medio, además de que son instrumentos muy valiosos para aprender, seguir estudiando y seguir aprendiendo. La velocidad con que avanza la ciencia y la tecnología requiere de habilidades y capacidades para aprender a lo largo de toda la vida y quien aprende a leer tiene en sus manos una herramienta valiosa que le va permitir acceder a todo tipo de información y conocimiento acortando así las brechas que existen en nuestro país; de allí que, existe la necesidad de garantizar estos aprendizajes en todos los alumnos de nuestras instituciones educativas como un compromiso social, político y ético.

El avance de la tecnología en el campo de la comunicación y de la información, ha llevado a plantear hipótesis como que: en algún momento, la imagen y la palabra hablada reemplazarían gradualmente a la lectura y la escritura; sin embargo, la realidad nos demuestra que la habilidad lectora y la producción escrita van cobrando cada vez más vigencia en el mundo globalizado, donde el acceso a la información llega principalmente por escrito y a través del Internet, un medio cada vez más generalizado. Por lo cual no basta con leer mecánicamente, sino es necesario desarrollar habilidades que nos permitan filtrar, seleccionar, comprender, organizar, procesar y utilizar la información; de lo que se puede deducir que el uso de sistemas informáticos requiere de la aplicación de habilidades lectoras, de escritura y de pensamiento lógico, cada vez más críticas y desarrolladas.

Significa entonces que la tarea de aprender a leer y escribir no sólo es tarea de la maestra o maestro del primer grado, quien lucha por lograr que todos los alumnos de su grupo lo logren y para ello emplea diversos métodos de trabajo, materiales y/o fichas de trabajo; también es tarea de los maestros de los grados superiores y de los padres de familia quienes deben ir generando el interés por la lectura en la vida cotidiana; al respecto recuerdo un hecho anecdótico: cuando un padre le decía a su hijo al pasar por una tienda de bicicletas ¿sabes que dice en ese letrero?, y al no haber respuesta le dice: “pasa y llévate la bicicleta”, pero como tú no sabes leer no lo puedes hacer, por eso tienes que aprender, porque si no lo haces pierdes oportunidades como ésta.