Mientras los policías y pobladores padecían en rescatar los cadáveres de tres de las cuatro víctimas fatales de la volcadura de una camioneta station wagon en la zona de Lucmapata, en la carretera Huánuco-Lauricocha, un grupo de personas reclamaba con  indignación el por qué la Policía no controlaba en la carretera para que vehículos piratas no presten servicio de transporte público de pasajeros.

En medio de la tragedia y del dolor, buscaban un culpable, alguien en quien descargar su frustración. Ahora estaban en el otro lado de la orilla, allí donde se sufre.

Sin embargo hay que recordar que en reiteradas oportunidades (sino siempre) los mismos pobladores, docentes y empleados públicos se han enfrentado a los policías cuando estos intervinieron el vehículo pirata en el que se desplazaban y esperaban llegar a su destino.

Ante la presión de los mismos pasajeros, los policías se han visto obligados a dejarlos circular, incumpliendo incluso con sus funciones.

Pero esta actitud irresponsable de los pasajeros es también un factor para la corrupción policial. En la lógica de los policías, mejor reciben la coima en vez de estar peleando con el chofer y sus pasajeros y escuchando una lluvia de insultos.

Ojalá pues las cuatro muertes del lunes ayuden a reflexionar.