Angel Lenin Tadeo Tordecillo
Hace algunos años egresé de la universidad. Salí con toda la ilusión de ejercer mi profesión. Como estudiante me esforcé por ser bueno, ya que los docentes nos inculcaban diciendo que las organizaciones requieren de buenos profesionales.

Con nostalgia recuerdo a un sincero catedrático que decía:

De cada 50 estudiantes que culminan la universidad, 10 son desempleados y no ejercen su profesión.  Lo sorprendente es que hay una gran probabilidad de que los 10 han sido estudiantes regulares y buenos; pero lo más sorprendente es que los estudiantes relajados y que se han dedicado a la política en la universidad son los que llegan a trabajar con facilidad y hasta ocuparán los mejores puestos de trabajo. Solo 2 o 3 buenos estudiantes llegan a ocupar buenos puestos de trabajo por méritos propios.

Al día de hoy no me queda otra que darle la razón y más aún luego de escuchar a un Juez, implicado en los cuellos blancos, que dijo: “en el Estado no entran los mejores, sino los mejores amigos.”

Aunque es doloroso, pero al día de hoy soy parte de la estadística de los desempleados. Actualmente, en todo el Perú, somos más de 1 millón de jóvenes desempleados y en Huánuco, al 2018, se estimó que somos cerca de 10 mil desempleados.

Hace un tiempo participé de un debate en el cual una persona, que trabajaba en una entidad pública, sustentaba la importancia de que los trabajadores tengan estabilidad laboral. Mencionaba que, por la salud mental, era necesario que el trabajador tenga un trabajo estable y no esté preocupado de que en cualquier momento sea despedido. Desde luego estaba exigiendo su permanencia en el trabajo.

Entonces, intervine y dije:

­‑ ¿Y quién se preocupa de la salud mental de los desempleados?

‑  ­¿Acaso los desempleados no comemos y no requerimos de los servicios básicos?

­­‑¿Acaso los desempleados somos de hierro y no nos enfermamos?

‑ ¿Acaso el desempleado no tiene hijos que cada día le piden que le compremos un juguete igual al de su amiguito cuyo padre si tiene un trabajo?

Esta semana muchos trabajadores, que tienen un trabajo seguro, empiezan la jornada de protestas y huelgas, exigiendo sus derechos laborales. Como parte de esos derechos están exigiendo un aumento de sueldo, porque la ley así lo dice.

No lo puedo negar, pero es doloroso ver cómo los que ya tienen un trabajo y un sueldo fijo mensual, los que ya tienen la seguridad de que tendrán un panetón, pavo y chocolate para Navidad y estarán con su familia, salen a exigir mejores beneficios.

Y nuestra pregunta cada año es: ¿Cuándo el Estado va a pensar en los desempleados?

Cuándo van a pensar en aquellos que no nos preocupamos en tener un pavo para Navidad, ya que es seguro que no lo tendremos. Nuestra única preocupación es que no sabemos si estaremos en casa para Navidad ya que, por algunos cachuelos que pueden salir al momento, quizás ese día estaremos lejos de nuestra familia.

Cuándo van a pensar en aquellos que nos encontramos en esta situación no porque somos pésimos trabajadores, sino porque que en muchos casos, no hemos tenido la oportunidad. En nuestro gremio hay muchos buenos enfermeros, docentes, abogados, contadores, ingenieros, administradores… que harían un buen trabajo, sin embargo no hemos tenido la oportunidad. No somos un grupo de personas que no lo hemos intentando. Lo hemos intentado cientos de veces. Nos hemos presentado a cientos de convocatorias, pero tristemente nos enteramos que muchos puestos ya tenían dueño desde antes de la convocatoria. Y en el ámbito privado también sucede lo mismo.

Con tantos millones y millones de soles que se incrementan en sueldos en el Estado, cada año, fácilmente se podría mitigar el desempleo, pero sin embargo nos preguntamos con dolor:

¿Acaso nadie se da cuenta de esta injusticia laboral en nuestro país?

¿Por qué, año a año, solo se piensa y se beneficia a los que ya tienen y no se piensa en los que no tenemos?

¡Que alguien se ponga en nuestros zapatos, por favor!