Teresa Chara de los Rios
Las celebraciones en barrios propician el compañerismo, la colaboración y la unión entre vecinos y amigos, logrando que perduren en el tiempo, costumbres, tradiciones, fiestas patronales. Sin embargo, esto deja de ser positivo, en cuanto estas celebraciones afectan a los vecinos.

Cómo es posible que se cierren las calles, congestionando el tráfico, colocando grandes estrados y equipos de sonido con alto volumen, que lejos de ser agradable, se convierte en un ruido espantoso, que hasta hace vibrar los vidrios de las ventanas de las casas. Son las municipalidades las llamadas a regular y fiscalizar, entre otros, los niveles sonoros y permisos para que los vecinos organicen eventos y cierren las calles.

Las costumbres hacen que las celebraciones se amenicen con cohetes y bombardas. Sin embargo, en cuanto el uso de cohetes, éstos son ruidosos y ya han producido varios accidentes, impactando por defecto, en los asistentes con graves quemaduras. La ausencia de aves en nuestra ciudad, también se debe a los ruidosos cohetes.

Es muy bonito ver las luces de los fuegos artificiales, y actualmente hay productos que sólo producen luces sin ruido alguno, son más seguros, y se venden en el mercado a precios accesibles. Nadie piensa que hay bebes, personas enfermas o ancianos en las casas vecinas, a quienes se les altera el sueño y entran en estrés, o mascotas quienes sufren en mayor grado porque tienen sus oídos mucho más sensibles al ruido. No les interesa, lo importante es celebrar y recaudar fondos.

Lo malo es que existiendo normas que regulan los permisos para eventos en espacios públicos y actividades privadas, hay ausencia o indiferencia de autoridades que hagan cumplir estas normas. Por eso se afirma que, en el país no nos hacen faltan más normas, sino hacer cumplir las que ya existen. Eliminemos la política de la “letra muerta” que sólo produce caos y desorden.

Nadie tiene derecho de perjudicar al otro. Es sabido que el derecho de la persona termina cuando empieza el de la otra persona.

Lo más lamentable viene después de las celebraciones, polladas, parrilladas u otros,  las calles quedan inundadas de orines, botellas rotas, platos y vasos descartables esparcidas por toda la calle. Al siguiente día de la celebración, los vecinos bullangueros duermen a “pierna suelta”, mientras que los demás, quienes no hemos podido conciliar el sueño, tenemos que asistir a nuestro centro laboral o negocio particular, bostezamos todo el día.

Asimismo, los organizadores deben tener en cuenta que después de beber tanta cerveza, los asistentes necesitan ir al baño. No se provee de servicios higiénicos o si hay alguno, es insuficiente y en condiciones lamentables de higiene. Nadie se preocupa de limpiarlo cada cierto tiempo, total como ya están “sazonados”, ni el mal olor los molesta.

Una vecina indignada, que vive dentro de una quinta cercana a la realización de una pollada, me comentó que varias personas habían ingresado sin permiso a orinar en el pasadizo. Cuando llamó la atención a dos de ellos, la insultaron.

No estamos en contra de la realización de eventos. Si creo que se deberían hacerlos en locales que no molesten a los vecinos, que presten seguridad, haya servicios higiénicos limpios, adecuados al número de asistentes. Y si por último, lo hacen en las calles, debe regularse el volumen de los equipos. Se tiene que formar una comisión para el “después de”, una comisión que al día siguiente o después del evento, se encargue de limpiar la calle y recoger todos los desperdicios, botellas rotas, y no esperar que la lluvia haga su trabajo, o mucho menos, creer que la municipalidad tiene la obligación de limpiarlo.

“Existiendo normas que regulan los permisos para eventos en espacios públicos y actividades privadas, hay ausencia o indiferencia de autoridades”