Germán Vargas Farías

Al más rancio estilo gangsteril, con medios poco escrupulosos, y tras más de un intento de sofocar a los que siendo sus colegas convirtió en adversarios dentro de su institución, Pedro Chávarry, fiscal de la Nación hasta ahora por obra y gracia del aprofujimorismo, removió a los fiscales Rafael Vela y José Domingo Pérez del equipo especial del Ministerio Público encargado del Caso Lava Jato.

Lo ha hecho con alevosía, premeditación y ventaja. Alevosía porque ha sido sorpresiva y, so pretexto de corregir un presunto atentado contra la jerarquía institucional, aprovechó el momento en que nos preparábamos para recibir el nuevo año para perpetrar lo que ha sido considerado un golpe a la autonomía y a la propia institucionalidad del Ministerio Público.

Premeditación porque no es algo que resolvió de la noche a la mañana, porque maquinó todo de modo que pudiera salirse con la suya, y porque habiendo advertido que podía remover al fiscal José Domingo Pérez “en cualquier momento”, se dio el ‘trabajo’ de hostilizarle, lo mismo que al fiscal Vela, con requerimientos dirigidos a preparar la coartada para su posterior separación.

Ventaja porque ha abusado de su posición de predominio en la institución, ejerciéndolo arbitraria y caprichosamente. Porque suponiendo, tal vez, que sus compinches en el Congreso de la República pueden continuar blindándole, se atrevió fría y perversamente a tomar una decisión que afectará la considerada “investigación más importante de los últimos años de la historia política peruana”.

Ha actuado Chávarry con alevosía, premeditación y ventaja, pero también desdeñando los mecanismos legales existentes para impugnar una decisión como la suya, y despreciando la capacidad de indignación de un pueblo que hace rato ha manifestado su hartazgo de la corrupción.

Ha actuado Chávarry con la soberbia de los malhechores, sin prever la reacción ciudadana consciente de que para celebrar el advenimiento de un año, o un tiempo mejor en nuestro país, lo sensato es posponer la fiesta y movilizarse en la calle.

Le decía a un amigo durante la marcha la noche del 31 de diciembre, que luego del malhadado indulto al ex dictador Fujimori en víspera de la Navidad 2017; habiendo participado en la movilización social de rechazo que eso significó, y visto lo sucedido en los meses siguientes, bien valía la pena dejar de participar en la cena familiar si podíamos celebrar después el avance de la justicia.

Y cantando, frente al local del Ministerio Público y con miles de otras personas, el Himno Nacional a las 0.00 horas del primer día del nuevo año; asistiendo la mañana de ayer a una conferencia de prensa ofrecida por representantes de diversas instituciones de la sociedad civil comprometidas en el respaldo al trabajo de los fiscales del equipo especial para el Caso Lava Jato; escuchando el mensaje del presidente Vizcarra anunciando la presentación de un  proyecto de ley que declara en emergencia el Ministerio Público; y, siguiendo la conferencia de prensa en la que los fiscales Vela y Pérez anunciaron que impugnarán la decisión de Chávarry de separarlos de los casos que investigan, reafirmé mi confianza en que los esbirros de esa organización criminal que están enquistados en el Ministerio Público no se saldrán con la suya, y que la lucha emprendida contra la corrupción en el sistema de justicia y en otras instituciones del Estado, así como en algunas organizaciones políticas, puede terminar como esperamos y merece nuestro país.

El nuevo año ha empezado con una mala noticia, pero con muchas manifestaciones francamente esperanzadoras sobre la posibilidad y oportunidad que tenemos de acabar con el talante mafioso del sistema político y judicial en el país. La buena noticia es que hemos aprendido a estar alertas, a movilizarnos sin pausa, y a enfrentarnos dignamente a los corruptos. Un buen año es posible.