Siober Edgar Espinoza Domínguez (19) fue asesinado a golpes en el interior de su vivienda ubicada en la calle Acuario, ubicada a dos cuadras del Hospital de Contingencia, en el centro poblado de Jancao, en el distrito de Amarilis.

El crimen habría ocurrido entre la noche del sábado y el amanecer del domingo, en circunstancias que la policía y fiscalía investigan.

Recién la noche del domingo, al no responder las llamadas telefónicas, su hermano Edgar fue a buscarlo a su casa. Al llegar y tocar la puerta nadie respondía, por lo que habría ingresado hasta el patio desde donde pudo ver que se encontraba en el piso de una de las habitaciones.

Ante ello llamó a la Comisaría de Amarilis y pidió apoyo policial. Al llegar, efectivos de dicha dependencia, escalaron una pared hasta llegar al patio, desde donde observaron –a través de la ventana– que Siober estaba en el piso de la sala.

Estaba en un charco de sangre, pero no podían saber si aún estaba con vida, por lo que con autorización de Edgar forzaron los seguros de la puerta y al acercarse al cuerpo de Siober, ya tenía muchas horas de muerto.

Más tarde llegaron policías de Investigación Criminal y el fiscal Rudy Jiménez que inspeccionaron todos los ambientes de la casa y recogieron evidencias que servirán para esclarecer el crimen.

En el mismo ambiente, en la mesa encontraron platos y cubiertos que hacen presumir que la víctima y alguna otra persona habrían comido, lo que será analizado por los peritos.

Según se conoció, las autoridades encontraron manchas de sangre en el pasadizo y en un cesto de ropa hallaron un pico, que también estaba ensangrentado, el cual habría sido usado para acabar con la vida de  Espinoza Domínguez, lesionándole el rostro y la cabeza.

En el camarote de otro ambiente hallaron un machete, el cuál también fue recogido.

Solo la puerta de uno de los ambientes estaba violentada y tenía manchas de sangre. Se presume que los delincuentes ingresaron buscando dinero, pero finalmente no se habrían llevado nada.

Las autoridades no descartan que la víctima haya abierto la puerta de ingreso al o los  asesinos, pues no hay signos de violencia en ella.