Pier Paolo Marzo Rodríguez
El lunes 30 de setiembre se desató una crisis política cuando los congresistas fujimoristas y aliados le negaron la confianza por segunda vez al Poder Ejecutivo y se negaron a asumir la consecuencia constitucional de esa negativa, la disolución del Congreso conforme el artículo 134 de la Constitución. Cabe recordar que, como en las relaciones cotidianas, es quien pide la confianza quien interpreta si se la dan o no, y que, como en la vida, priman los hechos por sobre las declaraciones vacías. Así, en una relación de pareja, si hay agresiones, hay violencia, aunque uno diga “te quiero”.  Y una declaración de fidelidad vale menos que una “sacada de vuelta”. En el Derecho Laboral esto se expresa en el principio de primacía de la realidad para saber si hay una relación de trabajo, y el Derecho Civil nos ayuda con la doctrina de los actos concluyentes.

Al estar ante una disolución constitucional, no cabe pensar en un golpe de Estado. Quiénes afirman esto olvidan que el Presidente del Consejos de Ministros pidió confianza precisamente sobre el procedimiento de elección de magistrados del Tribunal Constitucional, para que previamente se discuta un proyecto de ley para hacerlo transparente.  En vez de ello, la mayoría congresal eligió sin siquiera una entrevista, al primo hermano del presidente del Congreso, con lo que negaron la confianza solicitada. Antes incluso habían tratado de impedir que el Presidente del Consejo de Ministros sustente la cuestión de confianza, cerrándole la puerta, en una clara infracción constitucional. Y días atrás, habían archivado sin siquiera discutir el importante proyecto de ley de reforma  constitucional sobre adelanto de elecciones para que se vayan todos. En suma, era clara la opción por la confrontación de la mayoría congresal.

Disuelto el Congreso, correspondía convocar a elecciones en un plazo máximo de 4 meses, lo que así ocurrió. Para que el pueblo dirima en las urnas la confrontación (por eso debe permitirse que los ex congresistas puedan pedir el voto popular).

Sin embargo, los excongresistas decidieron apartarse del camino constitucional y protagonizar un espectáculo teatral suspendiendo al Presidente de la República y nombrando “Presidenta temporal” a la vicepresidenta, tergiversando la figura de la suspensión, prevista para la imposibilidad temporal física. Por ende, nos pusieron en la ridícula situación de tener por unas horas, dos personas que se asumían presidentes al mismo tiempo. Quizá pasaba por su imaginación (como lo afirman varios “memes”) que las Fuerzas Armadas darían un golpe de Estado respaldado por la CONFIEP (que se apresuró en respaldar a los rebeldes en el Congreso), para refrendar su postura. Pero no contaron con el poder de la ciudadanía movilizada, en sesión permanente de vigilancia en las calles desde días atrás. Quizá se creyeron su propia mentira de que eran sólo “4 gatos “ los que estábamos hartos de su desprecio a la ciudadanía. En cambio, las Fuerzas Armadas decidieron conforme a la Constitución y si algún mando tuvo alguna duda de con quien alinearse, la presencia de decenas de miles de ciudadanos y ciudadanas en las calles de las principales ciudades de Perú, expresando su rechazo a la traición de la vicepresidenta, despejó el panorama.

Así que en esas horas críticas, la fuerza ciudadana movilizada puso el fiel de la balanza. Ella le dio confianza al Poder Ejecutivo y confirmó en la lealtad a la Constitución a cualquier mando militar dudoso.

Ahora, la ciudadanía tiene la oportunidad de, a pesar de que el diseño electoral sigue defectuoso, elegir a representantes a quienes las personas les importen, que las escuchen y sobre ello, las representen.