Mg. Lilian M. Mendoza Pozo

Una maestra de educación especial muy empeñosa, se propuso enseñar a sus alumnos los colores  y para ello empleó diferentes estrategias y un buen día durante la sesión de aprendizaje les colocó en su pecho de cada niño dos círculos uno de color rojo y otro azul. Luego al momento del recreo, una de las alumnas paseaba por el patio del colegio e iba señalando los círculos de su pecho y repetía: “verde, amarillo”, “verde, amarillo” muy segura de que esos fueran los colores, en eso uno de los niños que si reconocía los colores le dice: no es verde y amarillo, es rojo y azul; ella sonríe y corrige “que tonto… es verde y amarillo”. A veces cuando observamos estas situaciones se suele calificar o etiquetar a estas personas como “tontas”, “inútiles”, “idiotas”; desde luego la mayoría de las veces por desconocimiento; sin embargo si observamos a través de la evolución del conocimiento de la misma, a esta discapacidad en el tiempo se fue denominando de diferente manera: poseídos, oligofrenia, idiotismo, retardo mental y actualmente en el Manual de Diagnóstico Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM 5) se le denomina trastorno de desarrollo intelectual o  discapacidad intelectual.

Conocer y evaluar la inteligencia de las personas ha sido y será uno de los objetivos de la psicología, hoy de las neurociencias; de allí que se emplean diferentes instrumentos psicométricos o neuropsicológicos para evaluarla y traducirla en un coeficiente intelectual y si estos resultados se ubican por debajo de 70, se les considera como personas con deficiencia intelectual. Cabe recordar que un niño o una persona es mucho más que un coeficiente intelectual  existen otros criterios a considerar para su diagnóstico, según del DSM 5 debe cumplir con tres criterios indispensables:

ØDeficiencias de las funciones intelectuales, como el razonamiento, la resolución de problemas, la planificación, el pensamiento abstracto, el juicio, el aprendizaje académico y el aprendizaje a partir de la experiencia, confirmados mediante la evaluación clínica y pruebas de inteligencia estandarizadas individualizadas.

ØDeficiencias del comportamiento adaptativo que producen fracaso del cumplimiento de los estándares de desarrollo y socioculturales para la autonomía personal y la responsabilidad social. Sin apoyo continuo, las deficiencias adaptativas limitan el funcionamiento en una o más actividades de la vida cotidiana, como la comunicación, la participación social y la vida independiente en múltiples entornos tales como el hogar, la escuela, el trabajo y la comunidad.

ØInicio de las deficiencias intelectuales y adaptativas durante el período de desarrollo.

Significa por tanto que, para realizar un diagnóstico se debe analizar y valorar cada uno de los criterios y además de ello considerar el contexto social, cultural e inclusive económico de manera funcional para posteriormente propiciar el desarrollo pleno del individuo.