Teresa Chara de los Rios

Se ha vuelto una costumbre negativa, que ante un hecho fatídico como un accidente de tránsito, un herido después de un asalto, un incendio o cualquier hecho en desgracia, la gente, lejos de ayudar, entorpece la labor de quienes van en auxilio o prestan seguridad,  para ponerse a tomar fotografías o grabar con su celular, incluso si las personas han fallecido, para  compartirlas entre sus contactos o subirlas en las redes sociales como si fuera una película de horror, esperando tener la mayor cantidad de “likes”.

¿Qué nos está pasando? Por qué somos tan indiferentes ante la desgracia humana?

Uno de los motivos, quizás sea, que todos los días los medios de comunicación nos presentan noticias, en su mayoría  desagradables y de hechos sangrientos,  exponiéndolas en grandes y sensacionalistas portadas, tanto así, que ya no nos produce alarma o sorpresa. Hemos llegado al extremo de ser insensibles a la desgracia ajena.

Asimismo, esta actitud se va reforzando cuando en un accidente se van sumando más y más personas curiosas, y lo primero que hacen —en vez de socorrer a las víctimas— es sacar su celular. De pronto vemos cientos de curiosos con el brazo levantado sujetando sus celulares, tomando fotos y videos, todos entorpeciendo la labor de quienes efectivamente van a auxiliar.

No es de sorprenderse ver cómo se suben a los muros, camionetas  o se tiran al suelo para tener el mejor ángulo de la fotografía, creyendo que es una competencia para ver quien comparte o sube a las redes la mejor foto o el mejor video. Tenemos la necesidad de ser protagonistas de la noticia, como si el dolor humano o la muerte sería parte del espectáculo cotidiano. La excusa siempre será: “si otros lo hacen, por qué no hacerlo yo”

Hemos perdido la percepción de lo real con lo virtual.

Son muy pocas las personas que usan su celular para pedir auxilio y que venga la  ambulancia, los bomberos o la policía.  Habría que preguntarnos, ¿cuántos de nosotros por una cuestión de seguridad, tenemos guardados en nuestro celulares los números de emergencia? Quizás pensamos que nunca nos va a pasar.

Cada vez somos más individualistas y nos preocupamos menos por lo que pase a nuestro alrededor. Cuando esto ocurre, la sociedad no se integra, no colabora y por tanto, no se desarrolla.

Por qué hacemos “que Dios te bendiga” y “bendiciones” se conviertan en frases banales cuando se lo decimos a nuestros contactos en Facebook o a nuestros amigos al despedirnos en una llamada telefónica? Será que lo hacemos para aliviar nuestra conciencia o disimular nuestro poco interés por lo que les pase a los demás? ¿Por qué tenemos ese doble discurso cuando estamos presentes en un accidente y otro cuando estamos en las redes sociales?

Considero de suma importancia reiniciar el debate sobre los valores, específicamente el valor del compromiso y la solidaridad. Repensar cuál  debe ser nuestro rol en caso seamos testigos de un evento nefasto de dolor y muerte. Cuestionarnos cuál es nuestro papel como ciudadanos responsables y qué estamos haciendo para contribuir con nuestra comunidad.

Después de un lamentable suceso siempre habrá víctimas directas e indirectas. Personas que pasan por el dolor de haber perdido un ser querido o una propiedad o mercadería  tras un incendio. Esas personas, al igual que sus familiares necesitan del apoyo moral y de profesionales. Hay muchas personas que se pueden sumar a la noble causa de hacer que la vida de estas personas sean más llevaderas. No seamos indiferentes. Usemos inteligentemente nuestro celular.

“Son muy pocas las personas que usan su celular para pedir auxilio y que venga la ambulancia, los bomberos o la policía”