Teresa Chara de los Rios
Hace unos días  conversaba con unas amigas sobre las celebraciones del Día del Padre. Entre ellas había casadas, viudas, divorciadas y madres solteras. Qué variedad de situaciones y también que gran oportunidad de un diálogo enriquecido por los diferentes enfoques.

Comentaban que en algunos colegios ya no celebran el Día del Padre ni tampoco Día de la Madre. Esta decisión ha sido tomada en consenso, ya que a la escuela asisten niños que no viven con el padre o la madre y no quieren que se sientan discriminados al momento que se realiza la ceremonia de agasajo, así como al momento de entregar una manualidad echa por los propios niños.

Una de las amigas se incomodó y manifestó que ella y su esposo disfrutaban mucho de  participar en las actuaciones que organizaba el colegio y recibir un regalo hecho por su hijo.  “Esa es una tradición y no debería cambiar” manifestó.

Es cierto que actualmente hay hogares donde no hay presencia paterna o materna, sea porque los abandonó, formó otro hogar, está en prisión, ya no está en vida, o nunca estuvo presente, como es el caso de las madres solteras y la crianza de los niños fue  asumida por los abuelos o algún otro familiar.

Tenemos que ser realistas, las estructuras familiares han cambiado mucho. Hay hogares monoparentales (papá, mamá e hijos), pero también hay hogares donde está solo la madre o padre o ninguno de ellos, y son reemplazados por los abuelos u otros familiares. También hay dos mamás o dos papas (en el caso de convivencia homosexual). Son nuevas estructuras que debemos respetar, y como todo proceso social, requiere de un cambio de mentalidad y aceptación de las nuevas composiciones familiares.

Yo creo que el tema de fondo es, cómo desde casa y las escuelas se aborda el tema de la ausencia de uno o dos de los padres, y explicarlo con naturalidad, sin dolor ni  resentimientos.

No es que los niños espontáneamente se sientan mal por no  tener al padre o a la madre presente. Se trata de cómo las personas adultas vamos ayudando a nuestros niños, en el proceso de aceptación y adaptación a situaciones diferentes, en forma positiva y sin victimizarlos.

Si por el contrario, permitimos que el día de la actuación, el niño no asista a la escuela y se quede en casa, con el pretexto que se sentirá discriminado, estamos afianzando su inseguridad y falta de adaptación ante situaciones que le son diferentes. Ya de adultos, estos niños serán temerosos, inseguros y con un gran resentimiento en el corazón.  Tenemos que hacer que ellos se adapten de la forma más natural a su realidad, con alegría y optimismo. Esa es una gran tarea que nos toca como adultos responsables.

Asimismo, los profesores juegan un rol importante. El que hayan familias diferentes a las monoparentales dentro del aula, es un motivo extraordinario para que los profesores aborden este tema en forma positiva y con naturalidad, explicándoles que la sociedad está conformada por familias que integran diferentes personas que conviven bajo un mismo techo, incluso sin tener un vínculo sanguíneo entre ellos.

Es responsabilidad de los docentes, hacer actividades paralelas sin que los niños se sientan diferentes o discriminados. Ese debe ser un tema transversal que los profesores deben abordar en todo momento y no esperar a que se acerque el Día del Padre o Día de la Madre para hacerlo.

Negar que haya celebraciones como Día del Padre o de la Madre es pretender encerrarlos en una burbuja de aire irreal y cuando ésta se rompa, solo les traerá desaliento y desilusión. Que ellos comprendan que la familia está integrada por diversas personas, que no hay un prototipo ni ejemplo de familia. Lo importante es que sus integrantes se respeten, protejan y amen, dentro de una convivencia saludable y feliz.

“Y como todo proceso social, requiere de un cambio de mentalidad y aceptación de las nuevas composiciones familiares”