Eiffel Ramírez Avilés

En fecha especial como esta, se piensa mucho en un regalo para el familiar o el allegado querido. Con esa misma idea, también deseo entregar, para quien esté al otro lado de este papel, un presente –o mejor dicho, varios presentes–, y disfrute de lo que yo una vez gocé a plenitud: una maravillosa historia. En esta selección personalísima de relatos que no necesariamente versan sobre la Navidad, uno podría encontrar solo un grato momento, de distracción mientras avanza el bus al trabajo; mas otro –por qué no– podría toparse con el peso decisivo que inclina la balanza de su vida, un nuevo camino.

Empecemos, pues, por esa hermosísima ficción de Oscar Wilde, “El ruiseñor y la rosa”. Una avecilla escucha los lamentos de un desdichado amante y decide, noblemente, ayudarlo a conquistar a su amada. En la brevedad de no más de tres páginas y con contados elementos, Wilde mezcla aquí sacrificio, amor y muerte, consiguiendo una de las historias más conmovedoras del mundo. Si es posible, trátese de leerla en su lengua original, el inglés, y en voz alta; se llevará una experiencia incomparable.

“El sabueso de los Baskerville”, de Sir Arthur Conan Doyle, es un gran obsequio en cualquier época. Escrito memorable para grandes y chicos, en la que nuestro amigo Sherlock Holmes despliega sus impresionantes facultades de detective. Holmes tendrá que resolver el misterioso y trágico destino de los Baskerville, familia cuyos miembros van muriendo y cuyos decesos están relacionados con la aparición de un perro legendario, un ser feroz. Con un ambiente sombrío y de páramo, fuera del típico Londres, Holmes sentirá por un momento la derrota y nosotros habremos de contener mucho la respiración ante el surgimiento de la fatal bestia.

No podía faltar en esta colección el mejor cuento –para mí– de Navidad: “Un recuerdo navideño, de Truman Capote. Tiernísima narración, bella de principio a fin, cargada de nostalgia insuperable: se cuenta la historia de un pequeño –el inolvidable Buddy– que convive con su extravagante y sexagenaria prima en alguna aldea americana. Ambos prepararán tartas por Navidad para enviárselas al presidente; ambos buscarán su arbolito para la Noche Buena; ambos visitarán al áspero indio Jajá para comprarle alcohol… Inigualable aventura de amor parental y de añoranza; hay una pureza única en ese dúo, pero que se verá asolada por la incomprensión de los demás y la frialdad de la adultez. Con los ojos llorosos, rememoro siempre su final. Decidió mi vida alguna vez; puede hacer lo mismo con usted.

“La pata de mono, de William W. Jacobs, es de esos textos que solo se pueden leer una vez, porque el golpe de su desenlace así se lo permite: en la segunda, pues, ya sabes de qué va. Sin embargo, para el que no lo ha hojeado todavía, tiene ante sí una joya de terror y de espanto. “La pata de mono” trata de tres deseos que hay que pedir, pero… hay que saber cómo pedirlos. No dejará, ya sea en el sueño o en la vigilia, de resonar en sus oídos el golpe incesante a una puerta, el ruido de lo terrible y lo inconcebible. Es un verdadero regalo.

El último de esta lista es Enoch Soames”, del inglés Max Beerbohm. Enoch Soames es un poeta ignorado de fines del siglo XIX y que teme dejar este mundo sin que su nombre pueda recordarse en la posteridad. Debería tomarse como una sátira contra el ego de los escritores, pero va más allá. Hay un viaje en el tiempo, hay un personaje fuera de lo común, hay poemas incluidos, y las imágenes de sus escenas son tan reales que pareciera que las pudiésemos palpar. Además, Soames, aunque su anhelo parezca patético y él provoque lástima, es un héroe imperecedero, digno de escultura y de estampa. Es el mejor cuento en cualquier antología; ojalá lo sea también para usted, lector.

«El mejor cuento –para mí– de Navidad: “Un recuerdo navideño”, de Truman Capote»