Por Valentín Sánchez Daza

Un poco apartado de los cientos de volúmenes de la librería Crisol, como excomulgado de los estantes más visibles donde colocan las novedades y autores más publicitados, encontré la novela Disparen sobre el pianista, de David Goodis. Había tenido referencias de él a raíz de mi interés por las obras de Dashiell Hammett y Raymond Chandler, los máximos exponentes de la novela negra norteamericana, justo la corriente en la que se inscribió y destacó Goodis, a pesar de haber vivido tan solo 49 años.

Había tenido referencias de él a raíz de mi interés por las obras de Dashiell Hammett y Raymond Chandler, los máximos exponentes de la novela negra norteamericana, justo la corriente en la que se inscribió y destacó Goodis, a pesar de haber vivido tan solo 49 años.

Titulado en periodismo, Goodis escribió una veintena de libros, decenas de guiones para Hollywood (algunas de ellas dirigidas por Alfred Hitchcock) y cientos de ficciones para revistas de gran tiraje y consumo popular conocidas como pulp. Aunque considerado injustamente como un autor menor en Estados Unidos, país donde nació en 1917, fue Francia la que revaloró su obra, sobre todo desde que su novela Down There fuera llevada al cine por François Truffau con el título de Disparen sobre el pianista y protagonizada por Charles Aznavour. Precisamente este filme catapultó la fama de Goodis y propició que rebautizaran su obra en nuestro idioma, alcanzando así mayor lectoría.

Disparen sobre el pianista cuenta una historia penosa y trágica. Por sus páginas deambulan delincuentes, seres marginales y sicarios del hampa, cuyas existencias apagadas, frustradas y lumpenescas giran alrededor de Eddie, un pianista que, marcado por la muerte, malvive en un bar tras abandonar una prometedora carrera musical. Una noche, su vida se verá envuelta en una vorágine de violencia y fatalismo con un final insospechado. Todo ello ocurre en una zona de los bajos fondos de Filadelfia y flagelada por el frío extremo y el derrotismo.

A diferencia de las obras de Hammett y Chandler, donde destacan las figuras reconocidas de Sam Spade y Philip Marlowe, en la de Goodis los protagonistas no son detectives ni hay crímenes por resolver. Sin embargo, pese a su sentimentalismo, comparten con aquellos el registro de una sociedad opresiva, corrupta y decadente que contradice a la versión del “sueño americano”.

La narración negra es un tipo de literatura que se fraguó en los Estados Unidos entre las décadas del 20 y 60. Vicente Francisco Torres, en el prólogo del libro El que la hace… ¿la paga? Cuentos policíacos latinoamericanos, sostiene que dicha corriente nació en 1922 en la revista norteamericana Black Mask y obtiene la denominación de negra en el año 1945 en Francia, cuando Marcel Duhamel crea la Série Noire en la editorial Gallimard.

Por otra parte, Juan Sasturain, escritor argentino especialista en la materia, afirma que la novela negra vendría a ser aquella que trata sobre el crimen y la relación de la violencia, la política y el dinero; que difiere del policial inglés (Agatha Christie, Arthur Conan Doyle) porque “Dashiell Hammett sacó el crimen del salón y lo puso en la calle”. Y si bien la narración del crimen tiene un sinfín de antecedentes y hoy existe un gran espectro de ella en el mundo, es Edgar Allen Poe quien le da forma con Los crímenes de la calle Morgue, a mediados del siglo XIX.

David Goodis fue un escritor de alto nivel que el tiempo ha sabido rescatar. Ha tenido altibajos en su producción, como todos; sin embargo, por el nivel de su prosa, pudo haber escrito cualquier cosa. Tuvo una imagen desangelada de su país, que nada tenía que ver con la ideología o una posición política. Con Hammett y Chandler no solo desmontan con acritud la sociedad norteamericana, mostrándolo con todas sus míseras, sino también comparten algunas singularidades: Goodis murió antes de los 50, Chandler comenzó a escribir después de los 50 y Hammett dejó de publicar a los 40. Todos, empero, grandes escritores que pusieron en las alturas una corriente narrativa considerada menor hasta entonces.

«La narración negra es un tipo de literatura que se fraguó en los Estados Unidos entre las décadas del 20 y 60»