Diversas instituciones marcharon este martes por las calles de la ciudad en un intento por sensibilizar a la población sobre el trabajo infantil y el daño que ocasiona a los infantes.

En ese contexto se han hecho llamados a la ciudadanía a no dar limosna, dinero a los niños de la calle, porque —han afirmado— eso los “condena” a seguir en esa situación. Y es que la mendicidad es también una forma de “trabajo” que sus propios padres o algún familiar les impone.

Diversos informes periodísticos han sacado a la luz que niños son enviados a las calles por sus progenitores a mendigar, mientras ellos se quedan en casa esperando el dinero conseguido por sus hijos y si no han conseguido son maltratados.

Pero también hay niños que son empujados por la necesidad de ayudar a sus madres (abandonadas por sus esposos y padres de sus niños) y a sus hermanitos. Esta también es una realidad que no podemos negar.

La marcha, por muy bien intencionada que sea, es poco lo que puede hacer por esos niños obligados por sus padres a mendigar y por los empujados por las circunstancias familiares. En ambos casos el abandono es el factor común denominador en los niños.

Es momento de pasar de la marcha a la acción. ¿Quién y cómo se identifica a los padres explotadores de sus hijos? ¿Quién y cómo asume la asistencia a la madre y sus hijos abandonada?  Se necesitan políticas públicas con presupuesto para proteger efectivamente a nuestros niños.