Ayer se recordó el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer y, a pesar de los discursos emotivos y pasacalles, las mujeres siguen siendo agredidas y asesinadas.

La cifra de feminicidios aumenta todos los días, las estadísticas de violencia contra la mujer se disparan. La respuesta del Estado y la sociedad civil siguen siendo débiles.

Si no pasamos del discurso a la acción, de la mezquindad a la inversión para curarnos en salud mental (tras 20 años de violencia política), para romper los viejos moldes machistas, seguirán los discursos floridos en plazas y, también en cementerios sobre los ataúdes de mujeres, anónimas o no. Al final la muerte no hace diferencia. El dolor que causa el feminicida, tampoco es diferente.

En el país la implementación del Enfoque de Igualdad de Género contenida en la nueva currícula educativa ‑y que contribuirá a reducir la violencia contra la mujer— está suspendida por decisión judicial.

Según cifras del Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social, el Poder Judicial solo ha emitido sentencia en 2 de los 103 casos de feminicidio reportados en el país de enero a setiembre de este año. Paradojas de la realidad peruana.

Desde la sociedad civil hay una tarea pendiente y permanente para conseguir que el enfoque de igualdad de género se instale en los colegios y se haga el respeto por el ser humano.