CPC A. Lenin Tadeo Tordecillo.

Este 11 de setiembre se celebra el día del contador público y siendo un día muy especial, para cientos de contadores, se hace necesario reflexionar sobre el profesional, más que por la profesión.

La razón de la existencia de las profesiones, oficios, etc., es para solucionar un “problema” en la sociedad o para contribuir con el desarrollo de la sociedad. Los contadores públicos nos encontramos más en el último caso, que en el primero.

Toda profesión tiene el reto constante de poder adaptarse a los cambios, a no quedarse detenido, a prepararse para superar las dificultades que se presentan y tener la responsabilidad de resolver los problemas que aquejan a la sociedad; solo así, podrán justificar la razón de su existencia.

La pregunta inmediata que haría al contador público sería:

¿Cuál es el problema actual, en nuestra sociedad, a la que debemos hacer frente?

La respuesta no se hace esperar y sería: la corrupción.

Se estima que cada año por culpa de la corrupción el Perú pierde más de 14 mil millones de soles, aproximadamente. Según la última encuesta nacional, realizada por la organización PROÉTICA, la corrupción es el segundo problema más importante de nuestra sociedad, siendo el primero la delincuencia. (Ver)

Revisando el último reporte de “funcionarios y servidores públicos sancionados e inhabilitados” por la CONTRALORÍA GENERAL DE LA REPÚBLICA, en el periodo enero a julio de este año, de los sancionados en Huánuco, más de la cuarta parte (25.81%) son contadores públicos, otras profesiones llegan al 5% aproximadamente.

Esta información es preocupante, ya que menoscaba la imagen del profesional contable. Esta información debe ser una preocupación principal para los institutos y universidades, que forman al profesional, y también para el colegio profesional. Algo se debe hacer, mientras se tiene la posibilidad de hacerlo, para combatir con este problema.  Todos tenemos la responsabilidad de hacerlo, porque si no somos parte de la solución, somos parte del problema.

Hay muchos motivos por lo que se da la corrupción, pero ninguno de ellos es justificable.

Ante este hecho quiero compartir un suceso que nos debe animar para combatir con el problema de la corrupción:

Un anciano camina entre las tumbas. Tras de él, su mujer, también de edad avanzada, le sigue con cuidado.

El hombre busca una tumba. No es cualquier tumba.

Se trata de la tumba de un capitán, que hace años, en la guerra, salvó su vida.

El capitán había ido en su búsqueda, sacrificando la vida de decenas de soldados, para salvarlo.

Antes de morir, el capitán le había dicho:

Haz que este sacrificio sea necesario. Vive una vida digna, buena y que valga la pena. 

El anciano, luego de encontrar la tumba, se para delante de ella y llora..

Entre lágrimas, pregunta a su esposa:

Dime si viví bien. Dime si viví una vida digna y buena.

El anciano solo quiere saber si valió la pena que muchos hombres perdieran la vida por él.

Quiere saber si fue un buen esposo, un buen padre o un buen amigo.

Quiere saber si su cuenta al capitán, está saldada.

La mujer entre abrazos le dice: – Valió la pena.

Con esta historia quiero animar a todos los profesionales, en especial a los contadores públicos, a vivir una vida digna, buena y que valga la pena.

Que nuestros propósitos reales y metas en la vida no se resuman únicamente en tener mucho dinero.

Lo peor de la corrupción es que las personas solo quieren TENER MÁS DINERO y no quieren HACER LO MEJOR, NI SER UNA MEJOR PERSONA.

Hoy en día se hace necesario que existan personas haciendo lo mejor y, lo más importante, que sean un mejor profesional, un mejor padre, un mejor esposo, un mejor estudiante, un mejor amigo y un mejor hijo.

Afortunadamente en la sociedad hay muchas buenas personas, y contadores, que viven una vida digna y que vale la pena; y si no te has encontrado con uno, entonces sé uno de ellos.

¡Feliz día del contador!