El domingo se realizó el corso de carros alegóricos como parte de la celebración del Carnaval Huanuqueño. A pesar de las limitaciones en su organización por el paro de productores paperos en la ciudad de Huánuco que se prolongó por siete días, el corso ha tenido vistosos carros alegóricos, reinas derrochando belleza y comparsas con trajes típicos recordándonos nuestra esencia. Pero también tuvo lo otro, la distorsión del corso, la agresión con talco.

Es importante distinguir dos espacios en nuestra fiesta de carnaval: 1º) El bando, correo, entrada y entierro de Carnaval; y 2º) El corso y los carros alegóricos. El primero es el espacio para el desenfreno juvenil, para el juego con talco en abundancia.

En tanto que el corso es el espacio para apreciar la belleza de las reinas del carnaval en todo su esplendor; la creatividad y el ingenio en el armado de los carros alegóricos. Es y debe ser un espectáculo para la vista, el atractivo para la familia.

Sin embargo, si se permite el ataque a mansalva con talco (destruyendo el maquillaje y traje de las reinas con talco y agua, arrojando incluso desde lo alto de viviendas) el corso y el carro alegórico no tienen sentido. Es momento de pensar en reducir el recorrido del corso a la Plaza de Armas o la Alameda o malecón con tribunas para que el público aprecie este espectáculo. Insistir en el largo pasacalle es seguir condenando a la agresión a la reinas de belleza y al público que quiere ver el corso.