Sorprendiendo a todos, casi al finalizar su discurso, el presidente de la República, Martín Vizcarra, anunció su propuesta de reforma de la Constitución para adelantar las elecciones generales, en la que los peruanos elijan a nuevos congresistas y nueva fórmula presidencial: presidente y dos vicepresidentes de la República.

El país “reclama a gritos un nuevo comienzo”, ha dicho el mandatario que al día siguiente de su mensaje ha sentido el apoyo de la población durante la Parada Militar.

Hemos llegado a esta crisis política por el desgaste del Congreso de la República y del Ejecutivo. El enfrentamiento sostenido entre ambos Poderes del Estado está pasando factura. Desde el Congreso de la República controlado por las fuerzas fujiapristas arrinconaron a Pedro Pablo Kuczynski obligándolo a renunciar por sus vínculos con la transnacional Odebrecht. Pero después se descubriría que fujimoristas y apristas también tenían sus vínculos con Odebrecht y su telaraña de corrupción.

Apristas y fujimoristas han tratado por todos los medios de sabotear la investigación contra jueces y fiscales integrantes de una aparente red de corrupción judicial que podría salvarlos de la sanción que les corresponde.

Con congresistas cuyos líderes y partidos están vinculados al Lava Jato y a Los Cuellos Blancos, es poco lo que se puede hacer en la lucha contra la corrupción. Necesitamos un reseteo de nuestra clase política y de nuestras autoridades.