Hoy como cada año se realizará a nivel nacional un simulacro de sismo y tsunami en la costa y multipeligro en la sierra y selva del país. Y como siempre ha sucedido, participarán activamente los escolares y sus profesores en sus instituciones educativas, municipalidades y algunas instituciones públicas y muy pocas empresas privadas. En los hogares nadie (o casi nadie) hará su simulacro.

Y al final del ensayo que demanda un gran despliegue logístico y un costo económico, las autoridades harán un reporte de los supuestos daños en la infraestructura, de la cantidad de heridos, muertos, familias damnificadas y afectadas, entre otros datos. Con eso habrá concluido el ensayo.

Sin embargo, al día siguiente todo volverá a su normalidad. Las zonas de riesgo en las instituciones educativas, en las instituciones públicas y en la ciudad seguirán ahí hasta el próximo simulacro y el siguiente y el siguiente.

Así por ejemplo, la institución educativa tiene un ventanal con lunas de vidrio en las escaleras, única zona de evacuación para los que están en el segundo nivel. El sismo podría causar la rotura de los vidrios y por lo tanto esa escalera no puede considerarse zona de evacuación, pero hoy los escolares descenderán por ahí hacia el círculo dibujado en el patio. Y eso se repetirá en el próximo simulacro.

El simulacro también debería ayudar a eliminar o reducir, al día siguiente, las zonas de riesgo.