Coincidiendo con el Año Internacio­nal de la Mujer, en 1975, las Naciones Unidas celebraron el Día Internacio­nal de la Mujer por primera vez, el 8 de marzo. Y dos años después la Asamblea General de las Naciones Unidas oficializó la fecha, a través de una resolución “en la que hizo un llamado a todos los Estados Miembros a realizar activi­dades conmemorativas por este día para crear conciencia en todos los sectores de la sociedad y el gobierno el rol fundamental que cumple la mujer en el progreso de las naciones”.

Y hoy en nuestra ciudad como en otras del país y el mundo se realizarán actividades pa­ra celebrar la fecha, no faltarán los discursos, los agasajos, los presentes con más o menos parafernalia.

La ceremonia acabará y los índices de agresión a la mujer seguirán en escalada, las discriminaciones seguirán ocurriendo a vista y paciencia de todos con actitud cómplice en su gran mayoría.

El Día de la Mujer en el Perú nos encara el doble discurso: por un lado verborrea a favor de ella y por el otro la persistencia del ejerci­cio [y promoción] del machismo.

Una muestra de ese doble discurso son las movilizaciones en contra de la inexisten­te “ideología de género” y la falsedad de que se pretende imponer en los colegios. Quie­nes marchan no quieren que nuestros niños aprendan que varones y mujeres somos igua­les. Saber eso le pone fin al machismo y sus secuelas.