Yeferson Carhuamaca Robles

Un molino de agua cabalga entre las frondosas pampas,

La amarga codicia del mundo ha llorado otra vez.

Una voz, una sola voz… cae y cierra la puerta.

Números desfilan en la cabeza de nadie. Nadie, ilustre poeta,

ha muerto, y cae y otra vez; silencio. Grito. Lloro. Lágrimas.

 

Dijeron a las tres de la tarde, antes de la tarde, antes de la noche interminable

Hablan y hablan.

Los sordos de suciedad no escuchan, los sordos no miran, los sordos no huelen

Pero de vez en cuando hacen nada, y una pequeña campanita se escucha

en el fondo del desierto del mundo.

Aquí en el fondo del Humano, de aquello que no grita

De aquello que calla, pero no dice:

Por qué tiemblo, titubeo y moro. Ramas secas y la oscuridad.

No se escucha nada. Luz ha caído en el fondo de la ignorancia de la humanidad.

Miles de cabezas, miles de dioses, miles de lentes opacos.

Cascos y palos. Cascos y palos.

La sangre negra corre…

 

Mil días, mil muertes, miles de injusticia, miles que el pueblo sangra

Días, días, días y más días. Va quedándose sin aire mi bandera.

El sol brilla nada más. Nada al fin, todo termina.