Mg. Lilian M. Mendoza Pozo

Para María, una niña de siete años, cada día cuando tiene que ir a la escuela es un gran pesar, se le nota apagada, desganada, juega sin la alegría que la caracteriza y cuando le preguntan si hay alguna tarea de comunicación llora sin razón aparente. Si se le pregunta qué le está pasando refiere: nada, ¡nada! Pero cada día cuando les toca comunicación en la escuela, para ella es un problema ya que no lograr aprender a leer y a escribir, sus compañeros de clase del segundo grado ya están leyendo, escriben inclusive al dictado y ella se da cuenta que no puede leer, solo copia los textos que se escribe en la pizarra pero no sabe que dice.

El problema de la lectura y escritura es un problema que se presenta en un 3% de la población estudiantil y cada año va en incremento; los niños que la padecen suelen ser inteligentes pero el trastorno específico de aprendizaje hace que los niños no logren aprender a leer y escribir, lo que causa preocupación y confusión en los maestros, ya que hay niños que no pueden leer y/o escribir pero aprenden las matemáticas con facilidad. Este es un problema que va generando consigo otros problemas: el fracaso escolar, la repitencia de grado, deserción escolar, problemas de conducta, baja autoestima entre otros.

En este contexto cabe poner en discusión la promoción automática en el primer grado de educación básica regular; ya que esto más bien a respondido a cuestiones de política y poder decir estadísticamente que se ha disminuido el problema de la repitencia del primer grado; usualmente el niño a los 6 años ya está maduro para el proceso del aprendizaje formal por consiguiente debe aprender en su momento y consolidar o afianzar su lectura y escritura en el segundo grado.

Los padres y maestros se refieren para ellos como: “ociosos”, “lentos”, “incumplidos”, entre otros calificativos que hacen que los niños y niñas que la padecen se frustren, sientan que nadie los ayuda ni los entiende. El padre tampoco logra entender por qué su hijo no logra aprender si para otras cosas es bastante hábil, por consiguiente le cuesta comprender el diagnóstico de su hijo, esto se complica si no tiene la suficiente economía para poder solventar las terapias que requiere su hijo, ya que si no se le ayuda se irá quedando año tras año en el segundo grado; y lo más lamentable es que si el niño que presenta dislexia no recibe la intervención o ayuda del caso gradualmente se va perdiendo el potencial que un día tuvo. El segundo grado repetirá, uno o más años y de pronto un maestro de “buen corazón” lo hará pasar de grado y en seguida otro y así por cosas del destino aún sin consolidar bien el proceso de aprendizaje de la lectura llegará a secundaria.

Existe la necesidad de implementar y aplicar diversas estrategias, elaborar materiales e inclusive emplear la tecnología y softwares en el aula para que los maestros puedan brindar el soporte necesario a estos niños y niñas y pasen a conformar la lista de una población no atendida por el sistema educativo.

Estamos seguros que si les atendiera a los niños y niñas en su momento con la detección, estimulación e intervención temprana o por lo menos se trabajara intensamente en educación inicial las nociones: espacio temporal; lateralidad; ritmo; discriminación auditiva y visual se podría contribuir a revertir el problema en alguna medida.