Por Valentín Sánchez Daza

Conocí a don Mario Malpartida cuando yo estudiaba en la universidad. Por entonces él ya era un escritor reconocido y yo había leído algunos de sus cuentos, porque de lo contrario no lo hubiera identificado cuando entró por primera vez al salón de clases. De aquel tiempo guardo el grato recuerdo de las dos materias que me enseñó: Literatura Peruana y Redacción Periodística. Esta última una asignatura fundamental para la carrera de Comunicaciones que don Mario dictó con inobjetable maestría. Años después supe que había dejado la universidad y entonces cruzó por mi mente la idea de que muchos alumnos se perderían sus enseñanzas y nadie tendría las condiciones para suplirlo en la facultad, sobre todo en los cursos de escritura.

Nuestro vínculo se estrechó con el paso del tiempo hasta el punto de que muchas veces fui testigo de sus iniciativas que, en el corto o mediano plazo, terminaron por dar origen a revistas, suplementos y libros donde decenas de personas publicaron sus trabajos literarios. Al mismo tiempo, él iba cimentando una obra personal que ampliaba los márgenes del cuento y la crónica, incursionado en el ensayo y la novela, género de largo aliento que acometió en tres oportunidades. Todo ello con la influencia de la nostalgia y la sensualidad que son, por lo general, el motor de su imaginación y escritura, y al calor de un hogar bien constituido y con el cariño y la admiración de la gente que ha sabido apreciar su forma de conducirse con ponderación y respeto.

Fruto de su incesante trabajo, don Mario ha logrado publicar hasta la fecha la nada despreciable cifra de 22 títulos. La mayoría de ellos son individuales y el resto junto a otros autores. La última de sus entregas es Sombras de la guerra, un libro conformado por tres cuentos que fue presentado el último viernes en el auditorio San Sebastián de la Municipalidad de Huánuco, que se colmó de asistentes.

Se trata de un volumen breve que, de arranque, se desmarca del estilo singular que tiene don Mario, lleno de giros y quiebres imprevisibles a los cuales estábamos acostumbrados en buena parte de su obra y que le daban un sello particular de distinción con respecto a escritores de otros ámbitos. Aunque en otro nivel de registro, mucho más amigable, el que presenta en Sombras de la guerra mantiene la rigurosidad, limpieza, precisión y fluidez que también posee su escritura, pues don Mario atesora la buena palabra y la frase insinuante salpicada de matices. Justamente usando este lenguaje, nos narra historias sobrecogedoras que llegan a situaciones límite y comparten entre sí el tema de la violencia política, descrita esta no con toda su crudeza y atrocidad, sino como una sombra perniciosa que afecta a los personajes en todas las dimensiones de su existencia, particularmente en el íntimo, y que viniendo del pasado emergen como traumas que los impulsan a cometer actos desesperados de venganza, conjura y autodestrucción.

La incursión de don Mario en el tema de la violencia política no es nueva, pero sí resulta pertinente que lo aborde sin el morbo de la descripción explícita de los hechos. Sobre este tema se ha escrito a montones en los últimos años y don Mario viene a enriquecerlo con su particular mirada y tratamiento, ampliando así su propio espectro temático y demostrando una vez más su solidez narrativa y compromiso con la literatura que muchos deben emular.

«La incursión de don Mario en el tema de la violencia política no es nueva, pero sí resulta pertinente que lo aborde sin el morbo de la descripción explícita de los hechos»