Angel Lenin Tadeo Tordecillo
Ahora que iniciamos con el año académico quiero compartir una frase y su argumento:

Si no vivimos para educar, solo vivimos para robar.

Esta frase es una inspiración de la vida de Jesús.

Jesús desde que nació hasta que murió se dedicó a educar. Educaba en los templos, en las calles, en las plazas, al borde de los lagos, mientras caminaba, en los montes, etc. Donde iba y durante el tiempo que vivió solo se dedicó a educar a las personas. Educaba sobre la forma que debemos vivir en esta tierra y sobre el reino de los cielos.

Si nos ponemos a analizar un poco veremos que otro motivo de los problemas que existe en la sociedad es porque las personas no tenemos el compromiso de educar. Si tan solo estaríamos comprometidos en educar, muchos problemas lo resolveríamos.

Por ejemplo uno de los problemas álgidos en la sociedad es el tema de la corrupción. Y ese problema surge de personas que solo están interesados en tener más dinero, llenarse los bolsillos o las cuentas bancarias de la forma más rápido posible y no les importa educar en honestidad, integridad, respeto y lealtad.

A veces pensamos que educar solo es el trabajo de los docentes, pero no es así. Creo que todos sabemos que la educación viene de casa, pero algo sucede en el camino –mientras vamos creciendo– y olvidamos ese compromiso.

Las empresas y las entidades públicas necesitan personas que sirvan, pero sobre todo que eduquen. Que el educar, en lo que hacen y con lo que hacen, sea un estilo de vida.

Desde llegar puntual al centro de trabajo, hacer un buen trabajo y no usar los bienes de la empresa o entidad pública en beneficio personal ya es una forma de educar a quienes están a nuestro alrededor. Pero si somos irresponsables, no cumplimos con el trabajo, llegamos impuntual, hacemos mal los trabajos y usamos los recursos de la empresa o entidad pública solo para beneficiarnos, entonces no estamos educando, por el contrario estamos robando. Robamos porque alguien nos paga para que trabajemos un determinado tiempo, pero trabajamos menos; robamos porque alguien nos paga para hacer un buen trabajo, pero queremos ser los vivos y no cumplimos; robamos porque alguien nos paga para usar bien los recursos, pero no lo hacemos.

Leí que en Japón el servicio del tren es un servicio público y en caso que el tren llegue tarde a su destino -lo cual es un evento extremadamente raro– entonces los conductores o choferes del tren empiezan a pedir disculpas personalmente a cada pasajero y lo más sorprendente es que te devuelven tu dinero y te entregan un ticket de retraso para poder justificar la impuntualidad en el colegio o el centro de trabajo.

Sin duda que los japoneses se tomaron muy enserio lo que es educar; oh será que entendieron que educar también es una muestra de amar a los demás. Estoy convencido que el meollo del asunto es amar. Quien ama, educa; quien no ama, no educa. Los padres aman a sus hijos, por eso los educan. Y si amamos al prójimo también vamos a preocuparnos en educarlos.

Por eso amigo lector te animo a desafiarnos que el educar sea nuestro estilo de vida en todo lo que hagamos, porque será el mejor legado para quienes están a nuestro alrededor.

Así nos evitaríamos ser unos ladrones o un perfecto bandido, como diría un cantante.

“Robamos porque alguien nos paga para que trabajemos un determinado tiempo, pero trabajamos menos”