Mg. Lilian M. Mendoza Pozo

Hoy como otros días, es un día en el que llega al Centro Básica Educación Especial una madre de familia muy preocupada porque muy a pesar de que su hija con Síndrome Down esta matriculada en una institución educativa básica regular, no la atienden como a otro niño en la escuela. Nos narra muy preocupada. Al llegar a recoger a mi hija a la hora de salida no la encuentran a la niña y le refieren que la maestra tiene muchos alumnos en su aula y no puede estar cuidando a una niña que requiere de atención individualizada y especializada y nos pregunta ¿qué hago, esta es la cuarta escuela en la que tengo dificultades?, ¡siempre es lo mismo!. Señala muy desconcertada y triste. En otro momento otra mamá refiere con profundo pesar y entre lágrimas: no sé qué puedo hacer con mi hijo… él no me “cuenta” pero sus compañeros me dijeron que la profesora lo puso a mi niño delante de todos y le dijo: “tú no puedes leer ni escribir a que vienes a esta escuela, hay otra escuela para ti”. Al escuchar estos hechos lamentables que van más allá de la mística de ser docente nos causa impotencia y dolor y a su vez nos lleva por un lado a levantar nuestra voz como su voz de ellos para luchar por el respeto de sus derechos y finalmente decir: si no se está preparado para recibir a los estudiantes con Necesidades Educativas Especiales por lo menos existen formas sensibles para llegar a ellos sin maltratarlos ni vulnerar sus derechos.

Estas situaciones nos llama a la reflexión: ¿las normas que propician la inclusión educativa es pertinente?, ¿estamos preparados para recibir y atender como debe ser a un estudiante con Necesidades Educativas Especiales en un aula regular?; y cuando escuchamos los pesares, las frustraciones, los temores de los padres cuyos niños presentan Necesidades Educativas Especiales nos lleva a pensar que: probablemente no estamos listos para enrumbarnos hacia una educación inclusiva de calidad. A su vez nos lleva a recordar que se tienen lineamientos legales y teóricos de cómo se debe trabajar con este enfoque, el que está señala explícitamente en el currículo nacional de la Educación Básica en el Enfoque Inclusivo o de Atención a la Diversidad: “todas las niñas, niños, adolescentes y jóvenes tienen derecho no solo a oportunidades educativas de igual calidad sino a obtener resultados de aprendizaje de igual calidad, independientemente de sus diferencias culturales, sociales, étnicas, religiosas, condición de discapacidad o estilos de aprendizaje”; sin embargo no se llega a concretizarlo, sigue presente la discriminación.

En este enfoque inclusivo se plantean los valores como:

Respeto por las diferencias; entendiendo como el reconocimiento al valor inherente de cada persona y de sus derechos, por encima de cualquier diferencia.

Equidad en la enseñanza; como la disposición de enseñar ofreciendo a los estudiantes las condiciones y oportunidades que cada uno necesita para lograr los mismos resultados.

Confianza en la persona; como la disposición a depositar expectativas en una persona, creyendo sinceramente en su capacidad de superación y crecimiento por sobre cualquier circunstancia.

Si estos valores se pondrían en práctica, estaría presente en la comunidad educativa la tolerancia y apertura para poder aceptar y hacer de la escuela una escuela para todos, valorando la diversidad como una oportunidad de desarrollo y no como una barrera. Para atender a las Necesidades Educativas Especiales se requiere de cierta sensibilidad humana.