Teresa Chara de los Rios

Desde hace algunos años somos testigos que las personas en las calles demuestran diferentes habilidades artísticas para ganarse el pan de cada día.

Ya no nos sorprende ver a jóvenes y niños haciendo malabares, volantines, una pirámide humana y otros más, en plena pista al cambio de la luz del semáforo. Los más arriesgados incluso trabajan con dagas y espadas o fuego, arriesgando sus vidas.

También hemos podido observar a las estatuas humanas, jóvenes que se maquillan con betún o colores metálicos para parecer estatuas, quedándose inmóviles por horas, sin siquiera pestañear. Otros cantan, bailan, en fin, en la calle se desarrollan diversas actividades, todo para llamar nuestra atención y conseguir que les entreguemos una propina. Eso es parte de la lucha por la subsistencia y la falta de oportunidades, una tarea poco comprendida por el Estado que tiene una gran deuda con ellos.

Sin embargo, existen otras actividades que llaman el arte callejero o arte urbano, que viene a ser un conjunto de expresiones artísticas mediante el uso de diversas técnicas usando pinturas, sprays, plantillas, pegatinas, música, parlantes, etc. Este tipo de arte es generalmente informal y está prohibido por las autoridades. Uno de los más conocidos es el graffiti y que se muestra en grandes murales. Nadie puede negar que hay hermosos murales que muchas veces alegran algunos barrios de dudosa reputación o engalanan casas que tienen viejas fachadas.

Nunca dejarán de sorprenderme aquellos jóvenes que están apostados en las plazas y que con spray en mano y en pequeños rectángulos de cartón o cartulina, con algunas plantillas de madera o cartón, cortados rudimentariamente van rápidamente diseñando un hermoso paisaje, incluso diseños a pedido de los asistentes. Curiosas y admiradas personas de diferentes edades le dejan una propina y ante el ofrecimiento del artista, compra su obra de arte recién pintada.

También tenemos artistas que dibujan magistralmente a mano alzada y en carboncillo. Las personas entusiastamente se sientan en plena vía pública para ser dibujadas y llevarse su propio retrato, aunque los más audaces prefieren una caricatura.

Tenemos en nuestra ciudad un potencial artístico envidiable. Considero que debemos dar espacio a todas las personas que muestren su talento y arte. Ellos no hacen daño a nadie. Solo quieren mostrar su arte y ser reconocidos también en lo económico. No se les debe tratar como si fueran delincuentes, golpearlos,  quitarles sus obras de arte y  destruirlas.

En los países desarrollados —quienes hemos tenido oportunidad de salir al extranjero lo hemos visto— hay calles o plazas, donde se les autoriza a mostrar su arte. Les fijan las calles y los horarios para que puedan exponer todo su potencial artístico.

Las familias pasean y se deleitan observando las obras de arte o manifestaciones artísticas que realizan en vivo y en directo. El que ellos no puedan acceder a espacios formales para mostrar su arte no significa que sean ilegales o delincuentes.

Vivimos en una ciudad poco amigable. Las personas somos desconfiadas e individualistas. El arte cumple una función socializadora. Reúne a las personas, las sensibiliza y hasta nos hace olvidar por unos momentos de nuestros problemas. Incluso estos artistas son un ejemplo de motivación para nuestros niños y así disminuyan el uso de  la tablet o celular.

Ellos son talentosos y es responsabilidad de las autoridades, brindarles un espacio físico dentro de la ciudad, donde la población podrá pasear observando las expresiones artísticas.

En la actualidad tenemos un nuevo director de Cultura, al cual recomendamos hacer una gestión de cambios, con una visión diferente de lo que es el arte en su conjunto, donde los artistas puedan salir a las calles y mostrarse al público de todos los niveles socioeconómicos y no reducir el arte solo para la gente académica y en espacios formales, que también es importante.

Si se implementa formalmente estos espacios señalizando calles y horarios, nuestra ciudad será más alegre, pues el arte también cumple una función terapéutica. Necesitamos que el arte nos una, nos hermane. Señor director de Cultura, usted tiene la palabra.

“Tenemos un nuevo director de Cultura, al cual recomendamos hacer una gestión de cambios, con una visión diferente de lo que es el arte en su conjunto”.