Teresa Chara de los Rios

Ser jubilado en el Perú es lamentable. Ser jubilado en el Perú es vivir con una pensión miserable. Ser cesante o jubilado en el Perú es ser invisible para el Estado y para quienes administran los recursos de jubilación o cesantía.

Existen dos clases de aportes obligatorios que llevan a la jubilación: ONP (Sistema Nacional de Pensiones) y la AFP (Sistema Privado de Pensiones).

Los tipos de jubilación vigentes en el Perú son: Jubilación por edad legal (65 años) – Jubilación por enfermedad terminal – Jubilación anticipada por desempleo – Jubilación anticipada ordinaria (antes de los 65 años) – Jubilación anticipada para trabajadores de labores en riesgo.

Llegar a ser jubilados en el Perú es un privilegio, porque muchos de los trabajadores fallecen antes de tener la situación de cesantes o jubilados.

Los jubilados son personas que han trabajado durante toda su vida activa, aportando mes a mes con la esperanza de contar en su vejez, con una pensión de jubilación digna, que satisfaga sus necesidades básicas, un poco de distracción y tranquilidad.

Sin embargo, vemos a viejitos caminando lentamente, haciendo largas colas en la puerta de los bancos para cobrar una pensión que apenas les alcanza para cubrir algunas necesidades de alimentación y medicina, porque el seguro social no les brinda algunas medicinas que ellos necesitan y tienen que comprarlas en las farmacias. Los jubilados que están en mejores condiciones, son aquellos que tienen otros familiares que subsidian la economía del hogar.

Conozco personas mayores de 65 años que se encuentran laborando, pero que ya están cansadas de trabajar, viéndose obligados a seguir haciéndolo porque de jubilarse recibirían una pensión mensual ridícula, entendiendo que hay quienes todavía tienen carga familiar, hijos o nietos estudiando, familiares cercanos enfermos, deudas o hipoteca de la casa.

Los jubilados tienen sus pensiones congeladas desde hace muchos años. Pensiones devaluadas, pensiones con montos indignos. Se han visto en la necesidad de formar asociaciones de cesantes y jubilados para hacer fuerza y que sus voces sean escuchadas. Algunas de estas asociaciones, se han visto obligados a hacer juicio a la institución, pagando abogados con sus exiguos recursos. Estos juicios duran meses y hasta años.

Conozco casos donde los integrantes de estas asociaciones, año tras año han hecho  gestiones para el aumento de sus pensiones, pero también año tras año, son ellos cada vez menos, porque en ese camino tortuoso del aumento de su pensión de jubilación, van perdiendo la vida, sin llegar a alcanzar el sueño justo de la jubilación digna.

Mejorar su situación no es cuestión solo de leyes, sino —sobre todo— de voluntad política e institucional. Se necesita que en los presupuestos de cada institución se incluya estos aumentos al momento de elaborar su presupuesto institucional y luego se derive al MEF, quien consolida todos los presupuestos institucionales a nivel nacional y los deriva al Congreso, y éste lo aprueba mediante la Ley de Presupuesto del Sector Público.

Pero lo más lamentable son las personas quienes administran las pensiones, que muchas veces creen que ese dinero les pertenece o sale de sus bolsillos y actúan con mezquindad en atención a las demandas de aumento de los jubilados, sin tener en cuenta que en algún momento a ellos también les tocará jubilarse. Urge una evaluación y reforma de las pensiones de jubilación en el Perú.

En los países desarrollados, los cesantes y jubilados son tratados con respeto y admiración, con pensiones justas. Incluso existen programas donde ellos aportan con sus conocimientos y experiencia, en los diferentes campos donde se han desarrollado, totalmente ad honorem, sin pedir nada a cambio, y esto hace que ellos se sientan útiles y valorados, porque ser jubilado no debe significar ser una persona invisible como los hacen sentir en nuestro país.

“En ese camino tortuoso del aumento de su pensión de jubilación, van perdiendo la vida”