CPC A. Lenin Tadeo Tordecillo.

Hace un tiempo tuve este diálogo con un colega de trabajo y creo que es un diálogo común en el ámbito laboral.

– Hola amigo, te presenté varios informes y hasta ahora no me respondes. Necesito que me respondas rápido. Ya son varios días que están en tu despacho.

– Es que no tengo tiempo. Hay muchas cosas que hacer.

– Sí, pero tampoco has venido muy seguido. Si no faltaras estoy seguro que avanzarías.

– Es que tengo otros trabajos y no puedo. Deben pagarnos más, es muy poco lo que nos pagan.

– Claro, pero antes de trabajar sabías y aceptaste. Nadie te obligó a trabajar.

– Claro, pero es muy poco y uno tiene familias. No puedo vivir solo con este sueldo.

– Pero si aceptaste el trabajo y sabías lo que ganarías, solo te corresponde asumir con responsabilidad todo el trabajo que se te demande.

– Pero con ese sueldo no da ganas de trabajar.

– Bueno amigo, si no te gusta el sueldo, si no vas a trabajar bien, entonces mejor renuncia y busca otro lugar donde te paguen más y así pueden venir otras personas que desearían trabajar sin problema.

– Me miró. No me respondió y unos días después me respondió los informes.

Por cierto, el amigo aludido ganaba más de S/ 2 000.00.

El problema que muchas veces observo en el ámbito laboral es el descontento con el sueldo luego que pasa el primer año de trabajo. Al empezar a laborar en una entidad o empresa se inicia con todos los ánimos, sobre todo aquellos que han estado desempleados. Trabajan con todo el entusiasmo, con el deseo de poder ser reconocidos y así poder permanecer en el trabajo. Sin embargo, por lo general, esos ánimos solo duran un año. Se cumple lo que dice: Escobita nueva, barre bien. Luego del año de servicio y sobre todo cuando ven a otros colegas trabajar de manera relajada (faltando al trabajo, no haciendo mucho, viendo películas, conversando de sus vidas, chateando, etc.) y que a fin de mes reciben igual o más que ellos, entonces es cuando viene el contagio, empiezan a flojear en su trabajo y finalmente dicen: Para que trabajar bien si igual otros no lo hacen, o para que trabajar bien si al final me pagan poco.

Y es ahí donde se empieza a negociar el buen trabajo:

Si me aumentas el sueldo, lo hago; o si me aumentas el sueldo, lo hago mejor; si generamos otros pagos a mi favor por consultoría, yo cumplo con esa meta.

Como trabajadores debemos entender que cuando asumimos un trabajo debemos dar el 100 % con las obligaciones que demanda el puesto que ocupamos o más. Que el buen trabajo no se negocia, mucho más cuando se trabaja para una entidad del Estado donde entramos, supuestamente, a servir y no a ser servido.

Es una pena escuchar a muchos alcaldes o gobernadores regionales hoy en día decir que no se puede contratar a buenos gerentes o profesionales por el poco sueldo que se paga. Eso es una mala praxis y una excusa para recompensar -en muchos casos- a sus “mejores amigos” por el apoyo realizado en la campaña. Porque si de algo estoy convencido es que si no se hace un BUEN TRABAJO ganando poco, tampoco se hará ganando mucho. Y aquella persona que dice que no puede trabajar bien por el poco sueldo, jamás lo hará aunque gane S/ 15 000.00; como muestra tenemos a muchos congresistas.

Me disculpo por lo rudo que voy a decir ahora pero si piensas que ganas poco en el Estado, no quieres trabajar bien y no te gusta lo que ganas, solo te recuerdo que hay miles de DESEMPLEADOS que desearían ganar ese poco sueldo que ahora desprecias. Porque lo que para algunos es basura, para otros es un tesoro.

“Aquella persona que dice que no puede trabajar bien por el poco sueldo, jamás lo hará aunque gane S/ 15 000.00”