Teresa Chara de los Rios

La huelga de los profesores, lejos de una solución, se viene radicalizando y tomando más fuerza a nivel nacional. Considero que su lucha es justa porque la importante labor que desarrollan está subvalorada por gobiernos anteriores y que se ha convertido en una papa caliente para el actual gobierno.

¿Cómo es posible que los profesores ganen tan poco? Reclaman una justa remuneración. Ganar menos de dos mil soles mensuales, no es una remuneración digna para cualquier profesional y mucho menos para los profesores que tienen la importante labor de educar a nuestros hijos.

No es una tarea fácil estar en el aula durante toda la mañana o la tarde, y mantener a los alumnos activos, interesados en las clases. Algunos opinarán que si la clase es interesante y motivadora, no hay alumno que se aburra, pero eso no es del todo cierto.

Los alumnos en la actualidad ya no tienen las mismas características que las que tenían sus padres o abuelos, en la época que estudiaban en el colegio. La mayoría de los alumnos ya tienen celular, incluso desde el nivel inicial. Los padres justifican aludiendo que trabajan todo el día y que necesitan estar comunicados con sus menores hijos en caso de emergencia.

Los celulares emiten luces, sonidos, juegos, música y otras motivaciones más, que encuentran en internet pero que distraen a los alumnos, por más medidas que se tome en el colegio.

Me imagino que la clase del profesor, la pizarra y plumón – por no mencionar la tiza – les resultará muy aburrido a los alumnos. En este contexto, los docentes tienen que esforzarse mucho más para motivar a los alumnos, o por lo menos que se mantengan atentos durante un tiempo determinado.

El otro problema que deben enfrentar los docentes, son las tareas escolares. Algunos padres piden más tareas  para sus hijos en casa, en cambio otros piden que no les dejen tareas. Cada quien tiene sus propios argumentos. Asimismo, tarea que deja, tarea que deberá ser revisada en la fecha indicada. Doble trabajo para el profesor, sin contar las horas que le lleva preparar las clases. Por eso el reclamo de mejorar sus remuneraciones, es justo.

Quizás en los próximos días se llegue a un acuerdo para levantar la huelga y recuperación de clases. Todos sabemos que esto no se cumple a cabalidad. Los alumnos se sienten castigados porque las clases de recuperación se desarrollan en jornadas de estudios más largas o los sábados y domingos. Muchos de ellos no asistirán. Ese es el costo de la huelga.

En educación, existen tres actores importantes: alumnos, profesores y padres de familia. Hasta ahora no hemos escuchado una posición unánime de los padres, que deberían ser los más preocupados en que sus hijos no pierdan clases. Las APAFA están, en algunos casos, desorganizadas y en otros, hay pugnas internas o falta de trabajo en equipo.

La huelga que se inicia con fines reivindicativos, hoy está más politizada que nunca. No se dice abiertamente, pero se espera la renuncia de la Ministra de Educación, que ha demostrado ser una buena especialista en educación, pero con inexperiencia en el manejo político que la situación lo requiere, más aún en este cargo y en un sector tan delicado y complicado como es el de educación. Se esperaba el anuncio de su cambio en Fiestas Patrias. PPK le ha renovado su confianza.

Lo cierto es que esta huelga no es nueva, se repite cada cierto tiempo y finalmente los resultados no son significativos. La historia lo demuestra. Padres de familia y docentes deben exigir al actual gobierno, mayor presupuesto en educación, si no hay presupuesto, no hay inversión. Urge dotar a los colegios de mejor infraestructura, mejores servicios y capacitación a los docentes.

Una capacitación orientada a mejorar la calidad educativa acorde a las nuevas necesidades y no capacitaciones “mercachifles”, de temas que no son relevantes, ni aportan a la labor de los profesores,  porque se contrata a los amigos para que sean los capacitadores y se beneficien con los recursos del Estado y se justifique la inversión, de paso que “dejan alguito” a las autoridades. Si no hablamos claro, nunca se va a cambiar.