La noche del domingo se incendió un ómnibus de la empresa Sajy Bus S.R.L. en el ex terminal de Fiori, que estaba clausurado por disposición municipal, causando la muerte de 17 personas.  Y en Huánuco funciona a vista y paciencia de todos un paradero informal de vehículos de transporte público de pasajeros (automóviles y buses) en el óvalo de Cayhuayna.

La desgracia aún no ha golpeado al óvalo de Cayhuayna, pero tampoco hay que esperar que llegue para actuar contra la informalidad que campea en el transporte público de pasajeros y que —como ha quedado evidenciado con la tragedia de Fiori— siempre pone en riesgo la vida de los pasajeros y de los mismos conductores.

Que el informal terminal de Cayhuayna siga operando no solo constituye una transgresión a la norma, un desafío a la autoridad, un monumento a la impunidad, pero también representa la complicidad de la sociedad que acusa a la autoridad cuando ocurre la tragedia, pero con su conducta alienta la informalidad y hasta la defiende cuando la policía y otras autoridades realizan los operativos.

Que la tragedia de Fiori lleve a reflexión  a todos y las autoridades municipales, provinciales, regionales y nacionales desarrollen las acciones para erradicar el paradero informal  de Cayhuayna y la gente deje de embarcarse en ese lugar. Es su vida la que pone en riesgo. No hay que esperar una tragedia, todavía.