Germán Vargas Farías

Después de leer la entrevista a la ministra de Economía, María Antonieta Alva, publicada en el diario El Comercio el pasado domingo, entendí que el titular no podía ser otro. Se dice que el título de una entrevista debe estar centrado en el tema principal abordado, y lo expresado y reiterado con naturalidad por la ministra, en medio de tantos otros temas relevantes, es sin duda lo más importante.

El gran problema del Perú, ha dicho la ministra de Economía, es que todavía la gente no vale lo mismo. Respondió así a la pregunta sobre cuáles son las oportunidades de mejora del modelo en el Perú, y luego de indicar que no quería entrar en esa discusión. Sin embargo, su frase resume o apunta al meollo de la crítica que se le puede hacer al modelo “creo que en este país las personas todavía no valemos lo mismo. Y mientras que funcione así, no vamos a salir adelante”.

La discusión sobre el modelo se impone hoy, más que por los presuntos riesgos que enfrenta la estabilidad macroeconómica, el estancamiento que algunos advierten o la disminución de las expectativas de crecimiento del PBI en nuestro país, porque las protestas sociales en Chile preocupan, asustan y advierten que la solidez del indiscutible modelo chileno, y de la economía de mercado, no es ni era tal, si no que logró destacar en su momento frente a desastres económicos como, por ejemplo, el de Alan García en su primer gobierno en el Perú.

Hablar sobre el modelo hoy es -además de pertinente- saludable, porque es evidente que sin dejar de reconocer los logros macroeconómicos, esperar que los beneficios “chorreen” es, además de frívolo, iluso. Tanto más por la corrupción generalizada que nos ha sido develada en los últimos años, siendo así que acertó el padre Gustavo Gutiérrez cuando hace algunos años dijo que, contraviniendo la ley de la gravedad, “aquí la economía cuando chorrea, chorrea hacia arriba”.

La ministra de Economía apuesta por consensos, indicando que es preciso identificar los temas a tratar y, aunque no lo dice explícitamente en la entrevista que comento, entiendo que se refiere también a las metas que queremos alcanzar.  Cuando se le inquiere sobre Tía María y las inversiones mineras, por ejemplo, reconoce que un sector de la población considera riesgoso ese proyecto, y entonces la apuesta debe ser el diálogo. Sabe, y lo dice, que la sostenibilidad de las operaciones mineras requiere un consenso social y ambiental.

El debate está abierto y debiera merecer una participación que se aleje del dogmatismo tan frecuente en izquierdas y derechas. Ahora que el “modelo chileno”, principal referente económico de las últimas décadas, está en cuestión, corresponde revisar lo avanzado y corregir lo que haga falta poniendo como objetivo principal el bienestar de la gente.

Ese es, o debiera ser, el sentido de la economía, y de eso se trata la política. La oportunidad que tenemos hoy de elegir un nuevo congreso, en un contexto regional dramáticamente interesante, es singular. Podemos trascender la medianía del debate político que se nos impuso en el fenecido congreso de la República, y también desde otros sectores políticos, y redescubrir lo realmente esencial.

Si queremos que en nuestro país todas las personas valgan lo mismo, y si creemos que podemos lograrlo apelando al diálogo y al consenso, ya tenemos un buen punto de partida. Empecemos por algo sencillo, entonces, preguntémosle a todas y todos quienes aspiren a representarnos, y revisemos si sus trayectorias concuerdan con esos propósitos. Teniendo claro eso, votando en consecuencia y afirmando nuestro compromiso ciudadano, ya estaremos en la ruta para lograr un país mejor.

«Corresponde revisar lo avanzado y corregir lo que haga falta poniendo como objetivo principal el bienestar de la gente»