Germán Vargas Farías

Empecemos por el perro viejo. Lo encontraron dentro de un costal en el río Huatanay en Cusco. ¿Qué había pasado?, Al parecer unas personas se aburrieron del can y no tuvieron mejor idea que meterlo en un saquillo, introduciendo una piedra grande, además, con el evidente propósito de provocar su muerte.

No se sabe cuánto tiempo luchó el perro por su vida, pero fue divisado por otras personas por los sonidos que emitía mientras intentaba mantenerse a flote. Enseguida buscaron ayuda, y vecinos y agentes del Serenazgo en el lugar se unieron para emprender el rescate que resultó finalmente exitoso.

Pueden imaginarse la satisfacción de los buenos samaritanos al descubrir al viejo perro, agotado y jadeante, luego de largos minutos de pelear por su vida. Conscientes de que hay que concluir la buena obra, lo alimentaron, le ofrecieron un hogar temporal, y ahora esperan que alguna otra persona de buena voluntad se haga cargo del animal.

Ahora hablemos de la joven mujer. Tenía 23 años y dos hijos, y fue encontrada dentro de un costal en una vivienda en el distrito de Carmen Alto, Ayacucho. Muerta. En el caso de Roxana Maribel Torres, la víctima, fueron los ladridos de un perro los que alertaron a los vecinos de la zona.

Cuando llegaron los serenos del distrito, fue solo para acrecentar la terrible sospecha debido al hedor que emanaba. El asesinato de la joven se corroboró momentos después, con la llegada del fiscal. Su muerte había ocurrido varios días atrás, y tal parece que durante ese tiempo nadie echó de menos a Roxana.

Los buenos samaritanos para Roxana llegaron después de muerta. Si es que realmente llegaron. No sabemos si tuvo la oportunidad de luchar por su vida, pero es posible imaginar lo duro que fue para ella vivir cada día. Roxana había denunciado a su pareja, y presunto asesino, por agresión; se dictaron medidas restrictivas, sí, pero manifiestamente ineficaces para restringir la acción del homicida.

¿En qué se parecen y difieren estas dos historias que conocimos ayer?, ¿en la maldad con la que actúan algunas personas?, ¿en la solidaridad, y oportunidad, con la que reaccionan otras?, ¿en lo difícil que es, y puede ser, vivir, y sobrevivir?

Podría hacer de esta una ocasión más para exigir al Estado lo que a ciudadanos y ciudadanas corresponde. Y hay que reclamarle, sí.

Podría decir que mientras Chávarrys, Tubinos, Bartras, y los “cuellos blancos” del puerto, sistema de justicia y Congreso siguen maquinando formas de meternos en un costal, a veces parece que quisiéramos colaborar con ellos introduciendo piedras para asegurar el naufragio.

Pero no. Esta vez solo quiero reseñar estas historias que conocí ayer, y decirles, con toda seguridad, que la diferencia no está en el costal.