Teresa Chara de los Rios

Actualmente vemos el renacer de movimientos sociales y jóvenes indignados que salen a las calles a marchar, en protesta sin violencia, ante la necesidad de ser escuchados y de cambiar la realidad. El tema frontal: corrupción, venga de donde venga.

Sin embargo, han tenido que pasar muchos años para que esto suceda.

Como no recordar y admirar aquellos dirigentes y líderes vecinales, que se han ido haciendo viejos con los años, caminando incansablemente folder bajo el brazo, para poder conseguir una cita con el alcalde o Gobernador, en la pretensión de obtener algún beneficio para su barrio o comunidad. Cuántas suelas de zapatos gastadas de tanto ir y venir, cuantos pañuelos que limpiaron el sudor y las lágrimas de impotencia ante la injusticia social e indolencia de algunas autoridades.

En esa época no había celulares, ni internet, ni se comunicaban por redes sociales. Redactaban, y fotocopiaban las citaciones que las repartían casa por casa, tratando de convencer al vecino para que participe. Tenían que caminar hasta la Municipalidad o Gobierno Regional, con una copia desgastada del cargo del trámite iniciado o memorial presentado con la firma de los vecinos.

Cuanto cansancio acumulado con los años, pero, sobre todo, cansancio de no ser escuchados, de no obtener los resultados anhelados y de sentirse abandonados por la indiferencia de los propios vecinos, que les exigían resultados sin valorar el tiempo de sus líderes y sin dar nada a cambio, empezando por una palabra de aliento. Tanto ha sido el desánimo, que ni sus hijos han continuado con el liderazgo de sus padres.

Los admiro porque la luchaban a punche, sin recibir un sol de financiamiento, sin interesarles si era ya la hora del almuerzo y priorizaban las luchas sociales, aun cuando tenían un familiar enfermo. Los vemos ahora, con su caminar lento, con arrugas que surcan sus rostros y que describen sus preocupaciones y luchas sociales inconclusas.

Los jóvenes de esta generación, no saben o no los recuerdan. El contexto ahora es diferente. Los jóvenes son usuarios de las redes sociales, publican todo lo que desean, pertenecen a comunidades virtuales, intercambian experiencias y opiniones sobre temas de su interés, siguen a personas o profesionales que tengan ideas afines o contradictorias que les permite debatir y sentar posición. Son mucho más críticos y están mejor informado que lo que nosotros estuvimos a la edad de ellos en el pasado.

Las redes sociales han democratizado la información y todos sabemos que estar bien informados, aportar conocimientos y emitir opinión, otorga poder a la gente. Usan las redes sociales para hacer virales las convocatorias a marchas, demandas y protestas, utilizan las calles.

Ellos son los llamados nativos digitales. Son jóvenes que han nacido en la era digital, quienes desde que nacieron tuvieron acceso a ordenadores y teléfonos móviles dentro de su hogar. Basta observar a los niños quienes, desde muy pequeños, sin saber leer y escribir, juegan con los celulares de sus padres, con destreza, sin haber recibido entrenamiento previo.

Las actuales autoridades deben tomar en cuenta que su público usuario ya no es el tradicional, que esperan que las cosas cambien por la voluntad de sus autoridades, o que esperan un volante para estar informados. Ellos quieren ser los actores sociales que promueven el cambio y al más breve plazo.

Pero en todas las épocas, la calle siempre ha sido el escenario adecuado para hacerse visible, en la protesta y en la propuesta. La calle es para demostrar que la gente tiene poder para cambiar las cosas. La gente tiene más poder que los mismos que están en el poder y eso nunca deben olvidar nuestras autoridades.