Mg. Rina Tarazona Tucto

El Perú se funda, en una larga cadena histórica estructural de subordinados. Como el planeta gira al rededor del sol, han de girar los siervos alrededor de los señores. La enseñanza pública en el Perú es uno de los sectores más castigados a nivel mundial por la nueva situación laboral. Los maestros reciben elogios de los discursos que exaltan la abnegada labor de los apóstoles de la docencia que amorosamente moldean con sus manos la arcilla de las nuevas generaciones; y además reciben salarios enanos que apenas se ven con lupa. El Banco Mundial llama a la educación una inversión en capital humano, lo que es, desde su punto de vista, un homenaje, pero a fondo es reducir los sueldos del profesorado, para que el profesor, no eleve su calidad de vida económica y social. En palabras de José Carlos Mariátegui. En su libro “Temas de Educación”. “El estado condena a sus maestros a una perenne estrechez pecuaria. Les niega completamente todo medio de elevación económica y cultural, toda perspectiva de acceso a una categoría superior. De un lado, carecen los docentes de posibilidades de bienestar económico; y de otro lado carecen de progreso científico”. No obstante, el maestro trabaja en comunidades alejadas, en escenarios de carácter arcaico, sin accesos a la tecnología, libros segregados del movimiento cultural, desprovistos de elementos de estudio. Empero, se aplica el pensamiento crítico del Uruguayo Eduardo Galeano en su obra “Patas Arriba la escuela del mundo al revés”, contextualizando con la realidad peruana, sostiene: Estamos ganando el campeonato mundial del crimen, del homicidio, del analfabetismo, los trabajadores pierden sus trabajos, los campesinos pierden sus tierras, los niños pierden su infancia, los jóvenes pierden las ganas de crecer, los adultos pierden su jubilación. Los que trabajan tienen miedo de perder su trabajo, y los que no trabajan, tienen miedo de nunca encontrar un trabajo. Retomando el pensamiento de José Carlos Mariátegui, incide nuevamente en el valor del maestro, al decir: “De todas las victorias humanas, les toca a los maestros, en gran parte el mérito. De todas las derrotas le toca, en gran parte la responsabilidad”. Por ello, en el Perú el tema de educación es un problema complejo ya que se trabaja en las distintas dimensiones del ser humano y por lo tanto las finalidades tienen que ser más amplias, con carácter integral y social. Entendiendo al hombre como un ser que ama, piensa y actúa, es decir que se desarrolla en una dimensión valorativa, cognitiva y psicomotriz. La evaluación educativa en el Perú tiene que dar cuenta de cada uno de estos aspectos y de su integridad. Y en cada uno de estas dimensiones debe tenerse en cuenta las capacidades, el desarrollo y los aprendizajes. El problema es particularmente grave para el docente ya que no ha sido formado para ello. La evaluación no dispone de criterios ni de instrumentos que le permitan evaluar las capacidades o el desarrollo cognitivo, valorativo y psicomotriz. Es una evaluación punitiva sin finalidades ni criterios claros dicha evaluación no sirve ni siquiera para seleccionar papas y tomates por tanto no puede ser una evaluación de calidad. En resumen, la evaluación es un elemento del currículo, que le permite a la institución educativa realizar un diagnóstico para tomar una decisión. La calidad de la evaluación dependerá de los fines que se proponen, y cuenten con criterios e instrumentos adecuados que garanticen que el diagnóstico conduzca a seleccionar la mejor elección. La práctica evaluativa.  Es de importancia dejar abierto el debate con el pensamiento de Mariátegui, German Caro Ríos. “El maestro peruano quiere ocupar su puesto en la obra de reconstrucción social. No se conforma con la supervivencia de una realidad caduca. Se propone contribuir con su esfuerzo a la creación de una realidad nueva” es cierto el maestro consciente de su realidad social es transformador por naturaleza. Allí radica el valor de ser maestro en nuestros tiempos.