Por Germán Vargas Farías

Una de las series de televisión que he visto, durante mi tiempo libre en cuarentena, es La casa de papel.

Sumamente entretenida, lleva ya cuatro temporadas, y gira en torno a un grupo de atracadores que, liderados por un tipo tan raro como extraordinario, se propone asaltar la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre (algo así como el Banco Central de Reserva del Perú), lo que consiguen asombrosamente. Forrados en dinero, la banda vuelve a reunirse tiempo después para perpetrar otro robo, esta vez en el Banco de España, pero con un propósito que parece importar más que el oro de la reserva nacional que planean substraer, rescatar a uno de sus compañeros que ha sido capturado por la policía.

Por razones en las que no me detendré aquí, creo que no hay un solo seguidor de la serie que no simpatice con los atracadores, unos más que otros seguramente. Quizás porque quienes deberían ser los buenos se portan como malos, y los asaltantes resulta que son interesantes, personas que por diversas circunstancias han sufrido, y son, la mayoría, esforzadas, valientes e idealistas.

Nairobi, personaje interpretado por Alba Flores, y uno de los más entrañables de la serie, es una de las ladronas (¡hasta pena da, llamarle así!), que en un momento de la serie asume el mando de la operación y se lo comunica al Profesor, concluyendo así: “¡Empieza el matriarcado!”. Es una escena, realmente emocionante, y me acordé de ella mientras pensaba como referirme al día de la madre en este escrito.

¿Qué tiene que ver Nairobi con las madres abnegadas que celebramos cada segundo domingo de mayo? A simple vista, parece que muy poco. Pero veamos, Nairobi es mamá, crio sola y protegió amorosamente a su hijo mientras pudo, pero perdió la custodia del pequeño al ser encarcelada.

Su vida fue dura. Fue una madre adolescente a la que abandonaron, no contó con el apoyo de su familia y, como les decía, le quitaron a su hijo. Al salir de prisión, luchó por recuperarlo, pero no lo logró. No podía verle ni hablarle, pero mantenía la ilusión de volver a estar con él. Esa, dice, es la razón principal por la que decide participar en el atraco.

¿Habrá casos parecidos a los de Nairobi?, Lo que se sabe es que aproximadamente cuatro adolescentes menores de 15 años, y diez de 15 años de edad, quedan embarazas diariamente en Perú. El embarazo adolescente se estima en 13%, y más del 25% de las madres adolescentes crían solas a sus hijos, es decir, son madres solteras. Como verá, tan de ficción no es la historia de Nairobi.

Vocación de madre tiene Nairobi, al punto que le pide al Profesor, en otro momento de la serie, que sea el padre de su hijo, aunque fuere por inseminación artificial. Consigue que acepte tras insistirle, y lo celebra feliz porque asume que tendrá un hijo decente, sensible, culto, gentil y con ideales. Así ve ella, al Profesor. Es decir, quiere para su hijo, lo mejor.

¿Tiene sentido, entonces, mencionar a Nairobi en una columna como esta? Yo creo que sí. Es una mamá, con vocación de mamá, y con un buen humor que la hace  encantadora. Y es fascinante su feminismo.

La tiene clara. “No nos perdamos el respeto” le dice a uno de sus compañeros, cuadrándolo con firmeza; y después les cuenta a otros que flaqueaban por el miedo que asomaba, “¿Sabéis que da mucho miedo también? Volver a casa de noche sola. Pero una continúa haciéndolo, coge al miedo de la mano y a seguir viviendo. Porque hay que vivir señores, hay que vivir hasta el final”.

Como verá, Nairobi podrá ser un personaje de ficción, pero la realidad que expresa, y la emoción no. Empieza el matriarcado dijo, y yo no creo que se refiera al anhelo de un patriarcado al revés. Se trata, entiendo, de la reivindicación y reconocimiento del liderazgo y autoridad de la mujer, sea madre o no, y del anhelo por una convivencia respetuosa que dignifique tanto al hombre como a la mujer.

Si lamenta que debido a la cuarentena no pueda comprarle a su madre, o a su esposa, hermana, o hija que son mamás, el regalo acostumbrado, tal vez sea la oportunidad para ofrecerles –sin esperar al domingo- algo mejor. El reconocimiento que merecen. Y ¡que empiece el matriarcado!.