Hoy se celebra el Día Internacional de la Mujer y en el país la escalada de violencia hacia ella parece ir creciendo, pero también aumentan los espacios en los que está presente y trascendiendo.

Si bien se trata de una fecha para celebrar y reconocer los espacios que han ido ganando en nuestra sociedad, su lucha, su sacrificio, sus victorias; lo es también para reflexionar de lo que falta y de lo que se puede hacer para construir esa sociedad con iguales oportunidades para todos, sin distinción de género y de ninguna otra clase.

El Estado le ha dado mayor énfasis a la criminalización de la violencia hacia la mujer, pero es poco lo que ha hecho para enfrentar los orígenes de esa violencia y cerrar las brechas de las marginaciones y exclusiones sociales.

Con patrones culturales machistas y más de veinte años de guerra interna, necesitamos con urgencia otro tipo de intervención para romper viejos moldes y curarnos en salud mental.

El Gobierno debería invertir más en psicólogos para los establecimientos de salud e instituciones educativas. Mientras atendemos al adulto enfermo, a los niños les enseñamos a controlar sus iras, a superar sus frustraciones y a disfrutar del éxito. La currícula educativa con enfoque de género debería ser ya una realidad, para ir erradicando la violencia contra la mujer. Es una demanda más en este 8M.