La persistente decisión de la bancada  fujimorista de evitar que el fiscal supremo y ex fiscal de la Nación, Pedro Chávarry, sea investigado por el Ministerio Público, solo refuerza la percepción de culpabilidad del magistrado y ratifica la voluntad corruptora del partido político cuyos líderes están, uno sentenciado por corrupción y violación de derechos humanos y la otra con prisión preventiva por lavado de activos, pero que además formaron parte del séptimo gobierno más corrupto del mundo.

“¿Qué es corrupción? …hablamos de corrupción cuando una persona actúa sin orientarse por la confianza que se ha depositado en su desempeño, a través de la posición o cargo determinado, y consigue beneficios para ella o para terceros que, de otra manera, no se habrían generado”. (www.redanticorrupción.pe)

El blindaje a Chávarry en el Congreso por el grupo que tiene mayoría en este poder del Estado, solo puede entenderse desde esa perspectiva. La banda de “Los Cuellos Blancos del Puerto”, de la que sería parte Chávarry, ha tenido contacto con Keiko Fujimori, según se desprende de las interceptaciones telefónicas al sindicado cabecilla de la organización César Hinostroza, que también ha recibido ayuda del Congreso —como se concluye de la resolución de la justicia española sobre su extradición— al archivar denuncias en su contra, como ahora con Chávarry, que al final del proceso judicial podrían inclinar a favor de los hoy investigados.