Con lágrimas en los ojos y con el consuelo de que los restos de sus hijos Gilmer y Rodrigo por fin descansarán en paz, la familia Matos Acosta recibió los restos de sus hijos mayores asesinados por integrantes del grupo terrorista Sendero Luminoso en 1992.

“Hijos, por fin pueden descansar. Ahora tenemos donde llorarlos”, manifestó Benita Acosta, que esperó 26 años para tener los restos de sus hijos.

El 03 de febrero del 1992 los hermanos Gilmer y Rodrigo, que vivían en la comunidad Nueva Jerusalén, Puerto Inca, fueron citados por un grupo de terroristas. Asistieron a la cita y ahí fueron asesinados delante de su hermano Robert.

“Mis hermanos no sabían lo que les iba a pasar. Fueron las únicas víctimas ese día”, recordó con lamento el menor de los 10 hermanos. “Por fin tenemos donde llorarlos”, agregó.

La psicóloga Jaqueline Vásquez de la Dirección de Búsqueda de Personas Desaparecidas por Violencia Política, explicó que la restitución de los restos es una reparación simbólica del Estado que pide disculpas por no haber cuidado a las personas en la época del conflicto interno.

“Ahora sigue un acompañamiento psicológico”, anotó.