Teresa Chara de los Rios
En las elecciones pasadas, vi con sorpresa en un supermercado, que las góndolas donde se exhibían los licores, habían sido cubiertas por grandes tolderas. Es decir, que los propietarios de este negocio, cumplían con las disposiciones de la Ley de Elecciones, que prohíbe la venta de licor en restaurantes, bares, tiendas, autoservicios, supermercados y también en el comercio ambulatorio,  para evitar que los clientes cayeran en la tentación de adquirirlos estando prohibida su venta en vísperas de elecciones, caso contrario tendrían que pagar una multa de hasta 2,790 soles o una pena privativa de la libertad, de hasta seis meses. Esto se conoce como la  “Ley Seca”

Para este año, la prohibición de la venta de alcohol rige desde las 8:00 de la mañana del día sábado 06 de octubre, hasta las 8:00 de la mañana del día lunes 08 de octubre, que en nuestro país será feriado por conmemorar el Combate de Angamos.

El objetivo de la Ley no es que las tiendas comerciales vendan licores y obtengan ganancias, sino que los clientes, en este caso, los electores, no beban licor y estén lúcidos para que su voto  sea responsable, evitando se presenten ebrios al sufragio, generen conflictos, o se queden dormidos y no asistan. Así también conservar o restablecer el orden público, especialmente cuando en elecciones se desbordan las pasiones políticas y el consumo de alcohol agravaría la situación.

Sabemos que los restaurantes, bares y comercios se han pronunciado acerca del perjuicio económico que les trae acatar la “ley seca”. Pero hecha la ley, hecha la trampa.  Las personas que acostumbran reunirse los fines de semana en familia o amigos, beben licor y cuando se acerca la fecha de elecciones, saben que estará prohibida la venta, por lo que tomarán sus precauciones, adquiriendo esos productos con la debida anticipación. Y no sólo eso, cada vez que hay una prohibición, entra a tallar el factor psicológico, generando ansiedad por querer consumir en mayor cantidad el producto prohibido.

Tanto vendedores como compradores, le sacan la vuelta a la ley seca y utilizan ingeniosas estrategias para poder comprar el producto. Hay que recordar que la Ley de Elecciones sanciona la venta de alcohol, pero no el consumo, por lo menos en los espacios públicos. Acaso no sabemos que hay muchas personas que después de ir a la votación, compran licor en las bodegas cercanas a sus casas y que el bodeguero en complicidad, pondrá las botellas en bolsas negras o en cajas de leche, para ocultar el contenido. Incluso envían a comprar a sus hijos o a los menores de edad.

No importa si nos están mirando y podemos ser pillados, nuestra responsabilidad debería ir más allá, es decir, dejar de vender y comprar licor, implica un acto responsable que todos debemos dar en beneficio de la democracia y orden público.

Si en nuestro país tuviéramos una cultura política, donde fuéramos a votar conservando una actitud respetuosa y tolerante, no necesitaríamos una “ley seca” porque asistiríamos conscientes que con nuestro voto podríamos cambiar los destinos de nuestra región, eligiendo al que consideremos al mejor candidato y no por los que hacen más publicidad, más camionetas y trimóviles, mejores estrados, o por aquellos que ofrecen “el oro y el moro” a sabiendas que sus propuestas no son reales y no las van a poder cumplir.

Con nuestro voto, también damos nuestra confianza y esperanzas a los candidatos, que una vez  llegados al poder,  trabajarán por un futuro mejor, para la región y nuestra familia. Por eso tenemos que  dejar de votar “por el mal menor”, que hasta ahora la historia nos ha demostrado que nos hemos equivocado y por eso nuestra región sigue postergada y desordenada.