Mg. Lilian M. Mendoza Pozo

¿Quién no recuerda los momentos en familia?, al hacerlo se suele dibujar sonrisas en nuestro rostro… gratos recuerdos que cultivan el alma, bien se dice que la infancia es una etapa clave para el desarrollo afectivo de un ser humano. Esos momentos gratos se deben cultivar: las conversaciones, los juegos, el compartir un momento con los padres, abuelos, hermanos, tíos, primos establecen vínculos afectivos positivos que jamás se borrará de nuestra mente. En los primeros años de vida los niños entablan las primeras relaciones con sus padres y hermanos, siendo la relación más intensa emocional y físicamente hablando la que se crea con sus padres y, sobretodo, con el referente primario, que suele ser la madre (aquella persona a la que acudes cuando realmente hay problemas).

Pasa el tiempo, y nos preguntamos ¿dónde quedó la época en la que los padres tenía tiempo para sus hijos?, tiempo para la hora de los cuentos, de las historia del “aparecido”, de narrar lo que pasó en la escuela, la hora de las anécdotas o simplemente del momento para compartir aquello que nos sucedió. Es hora de recuperar esos momentos, para ello se puede establecer en el hogar “media hora sin celular”, este aparato hace que aun estando cerca estamos lejos a la vez.

Generar un espacio de tiempo en y con la familia, en el que cada miembro pueda sentirse acogido, escuchado y respetado, aceptado de manera incondicional, donde el error sea constructivo, diferenciando claramente qué es “portarse bien” y “portarse mal”, donde saben que sus actos tienen consecuencias y no por ello se pueda sentir menos querido. El amor no tiene que ver con lo que nos gusta o no nos gusta de nuestros hijos y por eso cuando hacen algo mal debe quedar claro: “te quiero mucho, hijo /a mío /a, pero esto que has hecho no es correcto”, esto hará que se forme un vínculo estrecho, sano, fuerte y estable que les otorga seguridad y confianza y les ayuda a establecer relaciones sociales sanas y competentes.

Una relación entre padres e hijos, es un vínculo que debe crearse y debe ser fuerte y sólido para que el niño/a desarrolle su autoestima y pueda afrontar las vicisitudes de la vida con seguridad y confianza. Los niños vinculados a su madre, padre o padres se sienten protegidos, desarrollan una especie de confianza en los demás que les funciona, y eso hace que más tarde sean socialmente más competentes; gestionan adecuadamente sus relaciones interpersonales. Si tienen problemas piden ayuda, y la consiguen. Un niño con un buen vínculo con un adulto sabe y siente que es importante para esa persona, del mismo modo el adulto, normalmente la madre, siente lo mismo con respecto a su hijo.

La familia es el principal círculo social que una persona puede tener, por ello hay que dedicar un tiempo unos a otros; apoyarse entre hermanos y padres en sus actividades, juegos y aficiones. Comer o cenar la mayor parte de la semana. Si se tiene agendas complicadas, programen un día para comer juntos, hacer algo como visitar a los abuelos, dar un paseo, caminar, jugar, cocinar, limpiar, conversar y reír juntos, la imaginación es el límite.