Y de repente, la neblina cubrió el camino, como si el bosque jugara a sorprenderlos, bajan la velocidad de los vehículos, se toman de las manos, sonríen. “Estamos en Carpish, estamos en el bosque de neblina”, se escucha a través del eco. Los viajeros se detienen, bajan de sus motocicletas e ingresan a comer a una de las trucherías. Don Elmer Manzanero los ve y recuerda que en 1980 con apenas 18 años llegó a Huánuco, sus padres habían comprado tierras dentro de un bosque a bajo precio, el terrorismo estaba en su apogeo, habían sido engañados. “Por puro macho me quedé, ahora por puro macho defenderé mi bosque”, dice con firmeza confiando que pronto el Gobierno Nacional declarará Área de Conservación Regional a Carpish, lo que permitirá impulsar el turismo.

Manzanero vive a cinco minutos del túnel de Carpish, su vivienda está alejada de la carretera Central, “no me gusta el ruido, prefiero el canto de las aves, la paz y humedad del bosque”, cuenta mientras enseña a sus visitantes el mirador donde se realiza el avistamiento de pájaros.

El centro poblado San Pedro de Carpish no está dentro del Área de Conservación Regional (ACR) que lleva su nombre, pero ese no es problema para los pobladores, pues entienden que el ser colindantes del ACR les permitirá promover el turismo e impulsar las empresas de derivados de durazno, granadilla, mora y crianza de peces.

“San Pedro de Carpish será un Área de Conservación Privada, iniciaremos el trámite para proteger nuestro bosque”, dice Ermedes Aquino Quispe, presidenta del Comité de Vigilancia que hace unos meses denunció la tala ilegal de árboles nativos dentro de su territorio.

La ONG Naturaleza y Cultura que trabaja desde el 2014 en la creación de ACR capacitó a los comuneros y organizó el comité de vigilancia para advertir el ingreso de invasores y traficantes de madera.

Luis Augusto Garrido, coordinador de campo del proyecto, explicó que el ACR Carpish tiene una extensión de 50 559.21 metros cuadrados, dentro del valle del Derrepente en los distritos de Chinchao, Mariano Dámaso Beraún, Monzón y Marías. “Son 17 las comunidades que viven dentro del futuro ACR que están organizadas para protegerlo de los invasores”, anotó.

Para la creación del ACR, la ONG realizó el saneamiento legal del terreno, identificando que no existen títulos de propiedad individuales de los comuneros, pero sí una concesión minera metálico. “Se ha firmado un acta de compromiso con el propietario para evitar la explotación y seguir el proceso de creación”, comentó Christian Pérez, coordinador de la ONG al indicar que el área del ACR se acortó porque existe minería que impide proteger el bosque.

Actualmente el expediente de creación del ACR se encuentra en el Ministerio del Ambiente, luego deberá pasar a ser revisado por la Presidencia de Consejo de Ministros y de ser aprobado mediante Decreto Supremo, publicarse en “El Peruano”.

“En los años 80 me escondía en el monte por semanas con mis pequeños hijos por temor a los terroristas y al Ejército. Tuve suerte, nunca me descubrieron, pero cuando regresaba al pueblo mis hermanos habían sido acribillados”, recuerda con profunda soledad Senovia Colonia. “Estamos decididos a trabajar por defender el bosque, no queremos más violencia ni que ingresen los taladores”, agrega.

En el valle del Derrepente hay 28 vigilantes comunales desde el caserío de San José hasta Puente Durand. “En unos años nuestros niños continuarán nuestro ejemplo y vigilarán el bosque”, dice el presidente de la comunidad Santa Rosa de Quives, Héctor Aquino Mejilla.

Luis Augusto Garrido, coordinador de campo del proyecto que trabaja la ONG Naturaleza y Cultura, muestra en el mapa la extensión del área de conservación.