Cada cuatro años los peruanos regresamos a las urnas para elegir a nuestras autoridades regionales y municipales que dirigirán nuestros destinos por cuatro años.

La de ayer ha sido una jornada democrática, el pueblo manifestándose a través de su voto expresado en las cédulas marcadas en privado en una cabina y depositadas en las ánforas.

Ha hablado el soberano y contra eso solo cabe el respeto y el acatamiento. Si acertó o se equivocó, no se discute ahora. Ya no hay lugar para la queja, pero sí para la organización ciudadana para la vigilancia del nuevo gobierno.

Sin embargo, se han vuelto a registrar incidentes de violencia en algunos lugares de votación por el aparente descontento de un grupo de electores.

En las Elecciones Regionales y Municipales del 2014 se produjeron cinco incidente de violencia en el departamento de Huánuco, según el reporte de la Defensoría del Pueblo. Esta vez parece que la cifra ha incrementado, pero algunos son los mismos lugares de la elección pasada, algo que ya resulta sospechoso.

Esos incidentes promovidos por revoltosos son aislados y no pueden opacar la fiesta democrática a la que asistimos los electores de esta parte y del resto del país.

Es momento para celebrar nuestra democracia, nuestro ejercicio a ser elegido y elegir. Ya habrá tiempo para las reflexiones, cuestionamientos y vigilancia.