Lic. Edgardo Ramos Huamán

Aprendimos a conocer lo que es “campo santo”, después supimos lo que significaba “fosa común”,  hoyo donde se arroja o “entierran” a los múltiples muertos, fallecidos, o, porque no hay lugar para hacerlo uno a uno, o, y el cementerio no se da abasto de sepultar a tantos, humana y cristianamente, murieron en virtud de acontecimiento accidental o motivado; fenómeno atmosférico, catástrofe sufrida, etc. Que son depositados allí porque ni hasta tienen identidad, nade lo conoce, en algunos casos, son hasta ocultadas, mantenidas en secreto, pues fueron ejecutados por gente inescrupulosa, sin alma, inhumanos, muchos de esos casos, realizados por el terrorismo subversivo, equivocadamente interesado en imponer sus objetivos anti-democráticos a los que iban imponiéndose grupos ideo-partidaristas sectarios autoritaristas, fundamentalistas, anarquistas, dogmáticos.

Por otra parte “Campo Santo”, su nombre lo dice, es aquel lugar en que se respeta, se venera y hasta su le rinde culto extremo a los seres queridos que han dejado de existir porque el don de amor que nos dio Dios, cesa o que por diversas circunstancias anticipan su partida siendo enterrados en dicho lugar llamado cementerio.

Después de haber dar una despedida con llanto, dolores, pésames durante el velorio, que dura uno, dos y hasta res días o más, con asistencia de familiares, vecinos, amigos, brindan su óbito al fallecido en reconocimiento a las buenas y malas acciones de quien en vida fuera.. Seguidamente al velorio, se procede a la procesión de entierro, con misa de difunto y trasladado al cementerio o campo santo para que allí “descanse en paz”. Muchos dicen: “Señor dale el descanso eterno” –y todos los asistentes responden:-  “y brille para él (o ella) el descanso eterno”. Se reza el Santo Rosario, se ora y se le brinda un póstumo adiós sensible al alma que ha partido a la gloria de dios nuestro Padre y Señor.

Allí no termina todo, y, como es una “fiesta fúnebre”, otro grupo de “familiares” los  valores  del respeto, la decencia, la seriedad con que debemos seguir tratando a un ser tan querido, sobre su tumba… se empieza a “pisotearlo”, extender sobre la misma tumba: las sillas, los bancos, las frazadas, y otros materiales para “descansar” con el(o la) enterrado(a), muchos muestran actitudes ilógicas y hasta irracionales que el campo santo es convertido, sin ton ni son, en campos de jolgorio, fiesta mundana que no solamente –derrepente-, estará molestando al muerto o la muerta, sino –y más seguramente-, a los deudos de las demás deudos de las tumbas vecinas, van con guitarristas, violinistas, quenistas, arpistas, cornetas, trombones, bombos, platillos, orquestas, bandas de música, etc., etc,  cantándole , sino uno, todo el repertorio musical del que en vida gustaba entonar… “es que así le gustaba…”

Algo más, cada fallecido y enterrado en esto campos santos o “especiales últimas salas de recreación” viene siendo más maltratado porque la administración de estos lugares de “DESCANSO ETERNO”,  no autorizan un comportamiento más humano para con sus seres queridos, no hay un mínimo de consideración por las demás tumbas juntas al nuevo “vecino”,  toda la gente pisa cada tumba irrespetuosamente porque no existen veredas, pasajes, pasillos entre tumba y tumba, es como si fuera una “fosa común” donde no hay distinción alguna.

Amigos y amigas, “Respetos, guardan respetos”, creemos que el fallecido o la fallecida, nos respetó como familiar, como amigo, como ciudadano(a); decidámonos por tener un poco más de hidalguía por nuestros muertos, respetando su último lugar material de descanso, porque si bien es cierto que de barro somos y en barro nos volveremos a convertir, seamos capaces de respetar el barro que alguna vez tuvimos entre nosotros y supimos considerarlo como una ser humano, persona digna que nunca olvidaremos.

Que administración de los Cementerios o Campos Santos adviertan, comuniquen, notifiquen el respeto serio, sincero a nuestros seres queridos. Amén.