Teresa Chara de los Rios
No hay nada más emocionante que escuchar ante un partido de futbol, a millones de personas, aficionados y no aficionados, unidos gritando eufóricamente “goool”.

El fútbol es uno de los deportes más practicado en el mundo, ya sea a nivel popular como profesional, por eso se ha ganado el nombre del “deporte rey”.

Hay mucha discusión e incertidumbre sobre quién creó el futbol; sin embargo, Inglaterra fue el país que lo reglamentó en 1863, a través de la primera asociación de futbol: la Football Association (FA). Años después, la FIFA se creó en París, Francia, en 1904.

Gracias a los medios de comunicación y estrategias de marketing, el fútbol se ha convertido en el negocio más grande del mundo. Mueve millones, más aun cuando hay mundiales. La Consultora Deloitte calcula que alcanza unos 500 000 millones de dólares al año.

El fútbol no solo genera emociones, esperanzas; sino, sobre todo, mueve industrias. Los medios de comunicación, especialmente los comentaristas deportivos, van jugando con nuestras emociones. Primero van creando expectativas con halagos exagerados hacia los jugadores, exacerbando los ánimos en los hinchas. Muchas de nuestras opiniones serán producto de los comentarios que hacen los especialistas deportivos.

Días previos a un encuentro futbolístico, entrevistan a comerciantes que venden polos, camisetas, gorros y todo tipo de suvenir, nos van mostrando lo que debemos comprar.

Las empresas producen artículos blanquirrojos y los venden como “pan caliente”. Bien por ellas que generan movimiento económico, contratan más mano de obra, pagan sus impuestos. Eso nos beneficia a todos.

Asimismo, el día del encuentro deportivo, las personas se reúnen entre familiares, amigos y vecinos. Se ponen de acuerdo para ver quien trae las cervezas, prepara la comida, lleva piqueos o en el mejor de los casos, hacen sus pedidos por delivery. No se imaginan la cantidad de pedidos que atienden las empresas que prestan este tipo de servicio.

Siendo el fútbol una gran industria que genera ingresos importantes y brinda alegría a la población, la pregunta es ¿Por qué nuestras autoridades no invierten más en deportes? ¿Por qué todavía hay escuelas que no tienen losas deportivas o están mal implementadas en deportes? ¿Por qué no tenemos semilleros deportivos?

Pretendemos ser campeones en deportes, pero sin estar lo suficientemente preparados. Dicen que para hacer tortillas hay que “romper huevos”. No hay otra forma. No basta con entrenar dos o tres años antes de eventos importantes. No basta con encomendarnos a la virgencita para que metan un gol. Ser deportista es un estilo de vida y lo empezamos a desarrollar desde pequeños, con buenos profesores, con escuelas bien implementadas, con clubes deportivos.

Tener dos horas a la semana de educación física y no brindar talleres deportivos es una vergonzosa realidad.

Se debería aumentar más horas de educación física, con profesores capacitados en forma permanente, reestructurando el perfil del estudiante. Que todas las escuelas tengan acceso a lozas y talleres deportivos debidamente implementados. Que se respire deportes desde chicos. No se trata sólo de querer ganar, sino hay que trabajar para poder ganar.

Nuestra selección de fútbol nos ha dado ejemplo de superación y ha hecho que el “sí se puede” deje de ser una frase más. Que esto sea motivo de impulso al deporte, tiene que implementarse una política deportiva nacional, regional, local y para ello, se requiere de presupuesto y buena voluntad política. Dejemos de contarnos cuentos y comencemos ¡ya!

“Ser deportista es un estilo de vida y lo empezamos a desarrollar desde pequeños, con buenos profesores, con escuelas bien implementadas, con clubes deportivos”