Pier Paolo Marzo Rodríguez

Gracias Chávarry. Lograste algo que parecía casi imposible en una sociedad tan fragmentada como la peruana. Por encima del centralismo, el racismo, el sexismo y el clasismo, y por encima de todas la diferencias políticas, lograste que ricos y pobres; en Lima y en todas las regiones; hombres y mujeres de todos los grupos étnicos del Perú, y voceros de todas las tiendas políticas, incluso las que hasta el 31 de diciembre te blindaban, clamaran tu salida del Ministerio Público.

Ni en la guerra con Chile se había logrado una unidad nacional tan clamorosa. Menos en la independencia o en la época de la violencia política. Pero esta reacción ciudadana tan unánime no nace a las siete de la noche del 31 de diciembre del 2018, cuando el entonces fiscal de la Nación, fuera de las horas laborales de la institución que presidía, anunció el cese de los fiscales Vela y Pérez del equipo de investigación del caso Lava Jato, uno de los más importantes de la historia del Perú. Este consenso ciudadano ya se había mostrado en germen en las protestas contra la dirección del Poder Judicial al difundirse los “Hinostroza audios”, por obra de periodistas de investigación y de otro equipo de valientes fiscales. Sin embargo, en un primer momento, el fujimorismo cerró filas y decidió blindar a algunos, como el mismo Chávarry. Luego tuvimos el referéndum, donde la propuesta del Presidente de la República obtuvo 80% de los votos. Ese domingo electoral pudo verse que la indignación ciudadana contra los congresistas y magistrados, y por la reforma política y de la justicia, no solo era mayoritaria, sino hegemónica, más allá de quiénes salíamos a marchar. El presidente Vizcarra tiene ahora la enorme responsabilidad de correr encima de esa ola ciudadana sin defraudar a quiénes ven correctas sus decisiones – definitivamente, es un presidente con reflejos rápidos en la dirección adecuada, el primero así en este siglo-.

Pero Chávarry ha logrado, en ese proceso, terminar de despertar a una nueva generación para la actoría política y social peruana. No es casual que la primera marcha del año en Huánuco haya comenzado con la añeja banderola del FUR adelante; pero con la de los jóvenes, hombres y mujeres, tomando la posta en la cabeza desde antes de la mitad del recorrido y hasta el final. Eso es saludable socialmente. Quiénes pensaban que llegaríamos al Bicentenario con una generación de jóvenes individualistas y apegados sólo a lo virtual y dispuestos a marchar sólo cuándo se afectaban directa y económicamente (como contra las “leyes pulpín”, se equivocaban. Hoy son los y las jóvenes quiénes tomaron la iniciativa, convocaron y terminaron dirigiendo. Usaron los medios virtuales, claro; pero para tomar las calles reales.

Queda trabajar con ellos para que incorporen en su liderazgo las lecciones de los jóvenes que derribamos la dictadura fujimorista en el 2000; pero que dejamos que una nueva dirigencia corrupta la reemplazara en el Estado peruano. Tengo la impresión de que son más democráticos y dialogantes, y no traen consigo el trauma del violentismo político. Además, los une el “hambre y sed de justicia”, en sintonía con una demanda básica de toda la sociedad. Así que están en mejor posición para convertirse, en estos años en “la generación del Bicentenario”. En esa esperanza van mis deseos de un ¡ feliz año 2019 !