Germán Vargas Farías

El aviso a toda página en el diario “La República”, me llama la atención. Dice: Le pedimos perdón a todos los peruanos. Ya no somos Graña y Montero, ese nombre ya no nos representa. Estamos construyendo una nueva compañía cuyo cimiento es asegurarnos que lo que pasó jamás vuelva a suceder”.

Veo el anuncio luego en “Gestión”, y me entero que son varios los diarios que lo han publicado, y que un mensaje parecido se difunde a través de un vídeo propagado a través de redes sociales. No tardo en mirarlo. Breve, claro y directo, realmente se trata de un audiovisual cuidadosamente producido que empieza pidiendo perdón, lo cual además de raro –y por eso mismo, tal vez- puede tener un impacto positivo en la gente. Es decir, el efecto que busca la empresa.

Como se sabe, Graña y Montero, la empresa de construcción más antigua y grande del Perú, ​está involucrada en el caso de corrupción Lava Jato, dado que varios de sus gerentes y accionistas participaron en los sobornos millonarios que se hicieron por las obras Interoceánica Sur, Metro de Lima, Gasoducto Sur Peruano y el denominado Club de la Construcción.

Los pagos ilícitos son indiscutibles, y en el anuncio la empresa se muestra empática cuando dice: “no queremos quedarnos callados, menos olvidar todo lo que pasó, por eso aquí está la empresa Graña y Montero para pedirle perdón a todos los peruanos”. Parecieran, entonces, asumir su responsabilidad. Y cuando dicen: “Nosotros seguimos aquí porque queremos reivindicarnos con el país. Estamos comprometidos con el Perú y estamos colaborando con la justicia con total transparencia en todo lo que se necesite para que se pague lo que se tenga que pagar”, parecieran tener el propósito de reparar el daño causado.

¿Qué más debemos decir para que la gente nos crea?, se habrán preguntado los dueños y ejecutivos de la empresa, y prestos han añadido lo que se les aconsejó: “Las personas que causaron daño tomaron malas decisiones o cometieron actos ilícitos ya no forman parte de esta empresa, sin embargo, los actuales directivos y ejecutivos queremos pedirles disculpas a todos nuestros trabajadores y a todos los peruanos por los daños ocasionados”.

Pedir perdón, reconocer las faltas, expresar la voluntad de reparar el daño causado, separar a los principales responsables de los delitos cometidos, colaborar con las autoridades de justicia, subrayar el compromiso con el país, ¿será suficiente con eso?, y otra vez los expertos aconsejando: promete que no volverá a ocurrir y, si es posible, cambia de identidad.

Hecho. “Desde ahora ya no somos Graña y Montero. Ese nombre ya no nos representa a los más de 17 mil trabajadores que nos quedamos en esta empresa. Estamos construyendo una nueva compañía cuyo cimiento es asegurarnos que lo que pasó jamás vuelva a suceder”, dice también el anuncio. El mensaje está completo, o eso parece.

El anuncio está bien hecho, y está claro que busca lavar la imagen de una empresa que busca desmarcarse de actos criminales. Pretenden delimitar la responsabilidad penal que sin duda alcanza a varios de sus socios y directores, evitando que se determine la responsabilidad penal de la empresa.

Lo ha dicho ayer mismo el presidente del directorio de Graña y Montero, Augusto Baertl, “el principal beneficio (para la empresa) es poder cerrar el libro con la justicia respecto a la responsabilidad civil. La responsabilidad penal no le corresponde a la empresa, sino a las personas. Nuestro objetivo es cumplir con cerrar ese libro y poder eliminar las contingencias que hoy el sistema financiero y el mercado tienen porque no se sabe cuáles van a ser esas responsabilidades civiles”.

Pedir perdón puede ser un acto que resulte incluso admirable, pero en casos como el que comentamos puede ser interesado y, a pesar de lo bien presentado, aparente y vacío, Graña y Montero ha dicho que quiere reivindicarse con el país, y ofrece transformarse actuando con transparencia. Ojalá así sea. Pero en ningún caso debe soslayarse la justicia.

«Graña y Montero, la empresa de construcción más antigua y grande del Perú, ​está involucrada en el caso de corrupción Lava Jato»